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Las costumbres de los ecuatorianos

Martes, 1 de Junio de 2010

Las costumbres de los ecuatorianos

Osvaldo Hurtado
Planeta, Quito, 2007, 302pp.

Hernán Ibarra

Este es un libro dedicado a dilucidar por qué el Ecuador es un país subdesarrollado a partir de una perspectiva de la cultura, entendida ésta bajo la amplia denominación de costumbres. Con Las costumbres de los ecuatorianos, Osvaldo Hurtado desea explicar cómo en cinco siglos de historia ecuatoriana han permanecido valores y comportamientos que obstaculizaron el desarrollo económico, optando por sustentar la mayor parte de sus reflexiones en los relatos de viajeros.

Hace muchos años, el historiador Magnus Mörner había llamado la atención sobre la importancia de los relatos de viajeros como fuente histórica, aunque indicó que era necesario tener precauciones, principalmente, porque los viajeros eran portadores de prejuicios. Imbuidos como estaban por la seguridad de que provenían de la “civilización”, veían a los países visitados como expresiones del atraso y barbarie. Además, tomaban contacto con autoridades y elites en los países que visitaban, por lo que los relatos podrían contener, principalmente, la versión de esas elites.

La búsqueda de una explicación cultural al atraso económico del Ecuador, se sitúa dentro de un paradigma tradicional del desarrollo que atribuye la creación de los mercados y la vida empresarial a una racionalidad fundada en la inversión y el trabajo esforzado. Se define la cultura ampliamente como “el conjunto de costumbres, actitudes, sentimientos, ideales, creencias, valores y comportamientos que determinan la conducta de los individuos en su vida cotidiana.” En tanto que el desarrollo sería “el mejoramiento constante de los niveles de bienestar, como consecuencia de un crecimiento suficiente y sustentado de la economía y de la distribución equitativa de sus resultados.” (p. 14). Este concepto de cultura se remite de modo parcial a las concepciones antropológicas y al concepto de desarrollo desde una perspectiva general que pertenece a una versión predominante del desarrollo económico surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Se debe recordar que también en las teorías de la modernización se incluyeron los factores culturales como obstáculos al cambio económico.

Según Hurtado, en la época colonial, junto a las rígidas jerarquías sociales coexistía la ociosidad generalizada. Una pregunta subyacente es por qué no hubo capitalismo en la colonia. No lo dice de este modo, pero constata la falta de emprendimientos productivos, la ausencia de mercado interno, la débil inclinación al trabajo y al ahorro. Uno de los motivos de la ausencia de inversión productiva fue que el excedente económico se dedicó al consumo y la construcción de iglesias. Tanto blancos como indios y mestizos habrían compartido una afición a las fiestas y la borrachera. Un serio problema a más del alcoholismo habría sido la ausencia de higiene. El paternalismo fue otro rasgo de origen colonial que suponía la dependencia entre superiores e inferiores. Esto tenía como contrapartida el estatismo colonial. Así mismo, la deficiente educación habría impedido la formación de una mentalidad orientada a las actividades productivas y mercantiles. También la violación e inobservancia a la ley; y, actos de desacato a las leyes y tribunales habría sido algo rutinario. Interpreta a los pequeños delitos como inseguridad jurídica. Muy lejos pues de las ideas sobre los ilegalismos populares explorados por Foucault en las sociedades de antiguo régimen.

El siglo XIX sería una prolongación de la situación colonial, con la hegemonía de la hacienda, el concertaje, el poder de la iglesia y la persistencia de los valores de tipo colonial que habrían impedido el desarrollo económico. La ociosidad de tipo colonial se había prolongado en el desinterés por el trabajo. En ese siglo persistían “…la impuntualidad, la alteración de la verdad y el olvido de la palabra empeñada, por ser comunes a todas las clases sociales y a las diferentes etnias, [por lo que] sumieron a las relaciones económicas en la incertidumbre.” (p. 92) Sostiene que la instauración de la república no significó la desaparición de las jerarquías coloniales con los blancos en la cúspide. Los derechos eran para los blancos. La difícil geografía del territorio nacional si habría sido responsable de impedir la llegada de migrantes e inversión extranjera: “La ausencia de las posibles influencias foráneas impidió que los ecuatorianos fueran insuflados por un espíritu de laboriosidad, adquirieran buenas prácticas económicas y adoptaran modos de vida saludables, que tan útiles habrían sido para la modernización del país, como lo fueron en otras naciones latinoamericanas y en pequeña medida en Guayaquil.” (p. 123).

Avanzando en su relato, el Ecuador se transformó en la primera mitad del siglo XX con el ascenso de Guayaquil, el mejoramiento de las vías de comunicación y los procesos de urbanización. Sin embargo en la sierra los cambios seguían siendo lentos. A pesar de esta modernización se mantuvieron las antiguas costumbres tales como las relativas a la poca higiene personal y la propensión al alcoholismo, más acentuado en los indígenas. En este punto, comparte las opiniones de la izquierda y los higienistas de los años treinta.

Hurtado constata una indudable modernización después de 1950. Reconoce el impulso desarrollista y la intervención estatal como factores de progreso, pero persistirían algunas limitaciones en el funcionamiento empresarial, el comportamiento laboral, el uso del tiempo y la presencia de la corrupción. Menciona algunas innovaciones ideológicas en la segunda mitad del siglo XX: el marxismo, el cristianismo radical y las ideas generadas por los organismos internacionales que promovieron el cambio social. Además, destaca el protestantismo como factor de cambio en el mundo indígena. Un hecho notorio en torno a su obsesión con la higiene: la desaparición de la plaga de las pulgas en las últimas décadas del siglo XX como signo de mejores prácticas higiénicas.

Para la segunda mitad del siglo XX, las fuentes del tipo relatos de viajeros ya escasean y Hurtado da más énfasis a datos provenientes de análisis socioeconómicos, ciertos estudios antropológicos e incluso testimonios personales. Perry Anderson menciona que este tipo de literatura entró en decadencia después de 1950 por la irrupción de la televisión y el turismo de masas. Se puede afirmar que sin duda ocurrió entonces un cambio en los visitantes: a diferencia de los “intrépidos viajeros extranjeros” anteriores al siglo XX, aparecieron otro tipo de “viajeros, los funcionarios y expertos de los organismos multilaterales que produjeron estudios y recomendaciones que se plasmaron en decisiones de política económica y proyectos de desarrollo. Un saber experto que influyó en la manera de pensar el país.

En el camino hacia el desarrollo, según nos indica, si habría un saldo positivo con el desarrollo mercantil de Guayaquil desde la segunda mitad del siglo XIX junto a la vigorosa presencia de los industriosos otavaleños como exponentes exitosos de la “raza indígena”; y, Cuenca en la segunda mitad del siglo XX. Además de la importante contingente de migrantes extranjeros que impulsaron el espíritu empresarial. Esto en contraste con el secular atraso del resto del país.

Escrito en un clima de declive del neoliberalismo y retorno del Estado, Hurtado trata de encontrar los motivos del fracaso del ajuste estructural ecuatoriano y buscar lazos entre la tradición paternalista y el populismo. A lo largo del texto parece rondar el fantasma de Weber puesto que constantemente se enfatiza en la cuestión de la ausencia de una ética del trabajo y una mentalidad empresarial como factores explicativos del atraso. En esta lectura sintética de la historia ecuatoriana encuentra como permanente la falta de respeto a los derechos de propiedad. Concibe además que los inmigrantes y capitales extranjeros se tornaron en portadores del progreso puesto que habrían infundido el espíritu empresarial en el Ecuador.

Si bien su caracterización de las costumbres no ignora las desigualdades sociales y étnicas, presenta un escollo cuando introduce problemáticamente ideas y prácticas de “los ecuatorianos”, que precisamente están caracterizados por esas diferencias. La cuestión de la identidad nacional, se menciona de paso, pero no es una preocupación central. Aunque en la bibliografía constan algunos textos relevantes, no prestó atención a la amplia producción nacional de ciencias sociales publicada después de 1970.

Es evidente que la irrupción de las demandas étnicas en los años noventa del siglo pasado incidió en el aparecimiento de una nueva apelación a la ecuatorianidad desde la producción intelectual. Dos libros que se situaron en esta problemática fueron Los mestizos ecuatorianos de Manuel Espinosa Apolo (1995); y, Ecuador: señas particulares de Jorge Enrique Adoum (1997).

Manuel Espinosa revisa la trayectoria de lo que él concibe como la “comunidad mestiza nacional”. Se propuso analizar cómo la cultura mestiza ecuatoriana sería realmente una variante de la cultura indígena. La búsqueda de los elementos de la cultura mestiza está documentada de una manera muy heterogénea aunque pretende abarcar la presencia histórica de esa cultura.

La ausencia de un proyecto nacional unificador fue en cambio la mayor preocupación de Adoum quien se remitió a versiones generales sobre la raíz mestiza de la cultura y la historia ecuatorianas. Escrito en momentos de la fuerte crisis política de fines del siglo XX, encuentra aspectos negativos en el comportamiento de los ecuatorianos. Y la misma noción general de ecuatorianos resulta problemática. Se trata de cómo los comportamientos y acciones rutinarias estarían impregnados de una ausencia de elementos de respeto por el otro en la vida diaria. Era sobre todo una interpelación para la reconstitución moral de la nación. También indirectamente quería intervenir en el debate sobre las identidades, pero ignoró las contribuciones que ya habían hecho las ciencias sociales.

Estos textos, con sus particulares enfoques plantearon temas que tienen que ver con lo que se denominó en la tradición del pensamiento latinoamericano el “carácter nacional”. La producción ensayística relativa a este tópico fue característica de la primera mitad del siglo XX.

Con una concepción diferente a quienes explícitamente se problematizaron con las cuestiones de la identidad nacional, la amplia revisión de la historia ecuatoriana procesada por Hurtado desde una caracterización de las costumbres, finalmente encontró rasgos culturales que han persistido en la sociedad ecuatoriana y han impedido el despegue económico. Estos serían la impuntualidad, la falta de espíritu emprendedor, el paternalismo y la falta de respeto a la ley.

De este modo, produce y presenta otro argumento para la recurrente discusión sobre el carácter nacional ecuatoriano en una época de predominio de los imaginarios multiculturales, la plurinacionalidad y la reivindicación de los símbolos patrios. Una interpretación que promueve una ideología del desarrollo basada en la confianza, el respeto a la ley y el espíritu emprendedor; y que, al buscar las raíces del atraso en la larga duración de las costumbres ha corrido el riesgo de fundamentarse en razonamientos anacrónicos.

 

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