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Protagonista

Mirada natural

Domingo, 25 de Agosto de 2013

Expositor. Estudió arte sonoro en Inglaterra. Considera que el artista debe ser un productor cultural.

 

 

 

Arte entre ‘sexo, drogas y rock’

 



REDACCIÓN ARTES

 

“Patria, tierra sagrada…”, se escucha levemente al entrar a La Naranjilla Mecánica. La algarabía de los clientes, la música del entorno y el escaso volumen de un Iphone –desde donde proviene el himno– hacen que el oído se agudice para captar la melodía patriótica.


La imagen que proyecta ese celular es verde. Un verde natural, para muchos prohibido, que no se liga a movimiento político alguno. Un verde que, cual bandera, flamea, como cuando se hacía el cobijamiento de la misma al momento de jurarla.


“Esta obra se llama ‘El Abanderado’ y es una grabación que hice por Bellavista (Quito), caminando por las avenidas Eloy Alfaro, Portugal y 6 de Diciembre. Portaba mi plantita de marihuana como si fuera la bandera”, explica Christian Proaño, sobre esta instalación que da la bienvenida en La Naranjilla Mecánica, la misma que forma parte de su exposición ‘Sexo, drogas y rock’n roll’.


Esta muestra está cargada de dibujos que aluden al cómic, esculturas contemporáneas llenas de sonido, instalaciones que se sostienen a través del video y graficas impresas –de uso libre– que evocan una secuencia de su trabajo fotográfico.


El eje transversal de esta exhibición es la marihuana (‘droga’), de la cual se alude y se apela a su esencia: una planta que forma parte de la naturaleza.


De esta manera se cumple la segunda fase de la propuesta de Christian, quien presentó en el No Lugar la primera parte de este trabajo, ‘Sexo’, el pasado julio. Para el siguiente año, espera exponer su puesta musical y así completar su proyecto con ‘rock’n roll’.


Travesía


Delgado, de talla pequeña, portando anteojos, el artista cuelga de una escalera. Con martillo en mano, desarma la escenografía que preparó para la obra teatral de niños con discapacidad visual del proyecto Garabateatro, presentada en la Asociación Humboldt.


“Te conmueve, ¿no?”, dice Christian, entre la afirmación y la pregunta, sobre la actuación de los niños no videntes. “Aprendes mucho de ellos”, exclama, mientras guarda toda la indumentaria escenográfica.


En busca de un taxi –que resulta una tarea casi imposible– para llegar a La Naranjilla, Christian comenta sobre su travesía por Inglaterra, país donde obtuvo su Licenciatura en Artes Sonoras.


Para allá partió con una carta de invitación irlandesa, con la idea de atravesar Reino Unido como ilegal. Con algo de picardía entre el conocimiento de ciertas ventajas como migrante y el amparo del asilo, consiguió inscribirse en la universidad pagando como si fuese inglés.


“Igual resultaba carísimo, pero no tanto. Entonces me tocaba trabajar para costearme los estudios y mi manutención”, cuenta. Su trabajo era relativamente sencillo, aunque de gran riesgo. Él volanteaba publicidad de servicios sexuales: “Caí en cana algunas veces, porque pensaban que podía estar involucrado en la trata de personas, pero luego me soltaban”, manifiesta el artista, quien ocupaba casas abandonadas –que podían ser usadas de forma legal hasta que sus dueños la reclamaran– para ahorrarse el arriendo.


 

Mirada natural

Mirada natural

 

‘Drogas’


Ya en el taxi, rumbo al sitio de exposición, Christian advierte sobre sus ideas acerca de la marihuana, como que tendría que ser cultivada de forma natural por el consumidor, que no debería ser legalizada pues puede caer en las ‘garras’ de las industrias, además de mostrar su malestar ante la satanización de la misma.


El conductor observa de reojo, por el retrovisor, cada vez que el artista argumenta sobre su pensar. Al bajar, la mirada inquisidora del taxista toma un cierto alivio, como si agradeciera que la carrera terminara.


Ya en La Naranjilla, luego de cobijarse con la hierba, resulta imposible no contemplar los tres dibujos que invaden el primer piso del lugar: ‘Oso’, ‘Doña Ryma’ y ‘Sambito’, tres historias verdaderas que se someten al cómic bajo las imágenes de Christian y la habilidad del trazo de Marko Villagómez.


“Esa idea de que el artista trabaja solo es una tontería. Prefiero pensar y actuar como un productor cultural. Por eso le pedí a Marko que dibuje, además de coordinar con más personas el trabajo que aquí está expuesto”, indica Christian, quien aprovechó los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura, que ganó en 2012, para su cometido.


En el segundo piso, un cuarto acoge a un video en el que la convivencia de la marihuana, a través de cultivos caseros, se desenvuelve con naturalidad, donde “cada pipazo se transforma en un constante activismo”.


En los corredores se exhiben teques (bolsitas) que no contienen cannabis, sino trocitos de alambres que guardan segundos de sonidos de bosques, noches, lluvias y aves, melodías que repican al ritmo de su gramaje.


La última alcoba, la del compartir –pues los visitantes pueden tomar las impresiones que deseen–, está compuesta por 13 reproducciones de fotografías (que representan el periodo lunar), donde insectos, bichos y demás criaturas se posaban sobre las hojas de marihuana.


“Mira que sabia es la abejita, que poliniza su miel con la florcita del cannabis”, manifiesta Christian, quien afirma que “cualquier planta es sinónimo de vida”.





Perfil



Artista contemporáneo, investigador y docente ecuatoriano (Quito, 1980). Estudió en el Colegio de Artes Plásticas. Tiene una Maestría en Antropología Visual y Documental Antropológico en la Flacso. Realizó sus estudios de pregrado en Middlesex University (Londres, Inglaterra), donde obtuvo la Licenciatura en Artes Sonoras. Su trabajo ha sido expuesto dentro y fuera del país.





Tome nota
La entrada a la exposición en La Naranjilla Mecánica (Tamayo N22-43 y Veintimilla, Quito) es libre. El horario de atención es martes a sábado de 16:30 a 02:00.







ddelatorre@lahora.com.ec









 

 

‘Drogas’


Ya en el taxi, rumbo al sitio de exposición, Christian advierte sobre sus ideas acerca de la marihuana, como que tendría que ser cultivada de forma natural por el consumidor, que no debería ser legalizada pues puede caer en las ‘garras’ de las industrias, además de mostrar su malestar ante la satanización de la misma.


El conductor observa de reojo, por el retrovisor, cada vez que el artista argumenta sobre su pensar. Al bajar, la mirada inquisidora del taxista toma un cierto alivio, como si agradeciera que la carrera terminara.


Ya en La Naranjilla, luego de cobijarse con la hierba, resulta imposible no contemplar los tres dibujos que invaden el primer piso del lugar: ‘Oso’, ‘Doña Ryma’ y ‘Sambito’, tres historias verdaderas que se someten al cómic bajo las imágenes de Christian y la habilidad del trazo de Marko Villagómez.


“Esa idea de que el artista trabaja solo es una tontería. Prefiero pensar y actuar como un productor cultural. Por eso le pedí a Marko que dibuje, además de coordinar con más personas el trabajo que aquí está expuesto”, indica Christian, quien aprovechó los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura, que ganó en 2012, para su cometido.


En el segundo piso, un cuarto acoge a un video en el que la convivencia de la marihuana, a través de cultivos caseros, se desenvuelve con naturalidad, donde “cada pipazo se transforma en un constante activismo”.


En los corredores se exhiben teques (bolsitas) que no contienen cannabis, sino trocitos de alambres que guardan segundos de sonidos de bosques, noches, lluvias y aves, melodías que repican al ritmo de su gramaje.


La última alcoba, la del compartir –pues los visitantes pueden tomar las impresiones que deseen–, está compuesta por 13 reproducciones de fotografías (que representan el periodo lunar), donde insectos, bichos y demás criaturas se posaban sobre las hojas de marihuana.


“Mira que sabia es la abejita, que poliniza su miel con la florcita del cannabis”, manifiesta Christian, quien afirma que “cualquier planta es sinónimo de vida”.





Perfil



Artista contemporáneo, investigador y docente ecuatoriano (Quito, 1980). Estudió en el Colegio de Artes Plásticas. Tiene una Maestría en Antropología Visual y Documental Antropológico en la Flacso. Realizó sus estudios de pregrado en Middlesex University (Londres, Inglaterra), donde obtuvo la Licenciatura en Artes Sonoras. Su trabajo ha sido expuesto dentro y fuera del país.





Tome nota
La entrada a la exposición en La Naranjilla Mecánica (Tamayo N22-43 y Veintimilla, Quito) es libre. El horario de atención es martes a sábado de 16:30 a 02:00.







ddelatorre@lahora.com.ec









 

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