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No hay incentivos para que los jóvenes se queden en el campo

Domingo, 5 de Marzo de 2017

POLÍTICA. Luego de estar en la ciudad, muy pocos muchachos quieren retornar a sus labores en el campo.



Cada año la población rural disminuye en un 0, 5% en Ecuador. Los jóvenes reclaman políticas públicas.



En América Latina la población rural disminuye a razón de un 2% anual, mientras en Ecuador eso se da a un ritmo de 0,5% cada año. Esto responde a que los jóvenes no se sienten incentivados para quedarse en el campo.

 


El dato proviene de un estudio realizado por el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (Rimpsip), cuyo secretario técnico, Ney Barrionuevo, indicó que se necesitan políticas públicas integrales para mitigar esta situación.

 


A su criterio, se requiere intervenir en educación, salud, acceso a servicios básicos, apoyo a los emprendimientos, entre otros componentes. “Si la política pública no aborda en conjunto esos problemas es utópico pensar que se van a quedar”, enfatizó.

 



Los que se van

 


Barrionuevo sostuvo que por parte de las autoridades del Estado parecen no haberse dado cuenta todavía que “nos estamos quedando aceleradamente sin gente en el campo y los que más migran son los jóvenes”. La investigación, que recaba datos de los últimos 15 años, refleja que en Ecuador hay aproximadamente 1,5 millones de jóvenes rurales, considerando un rango de edad que va entre los 15 y 29 años, lo que representa el 9% de la población total.

 


Agrega que entre los años 2001 y 2015 se observa un decrecimiento de la población rural que pasa del 39% al 32% y, según Barrionuevo, eso implica que cada año 80 mil personas decidieron marcharse del campo.

 


Criterios



Maritza Tello, quien forma parte de una asociación de jóvenes productores de cacao, mencionó que aunque muchos sí tienen ganas de trabajar en el agro, hay quienes “están afligidos porque no saben a dónde van”, es decir, por falta de orientación y apoyo desde el Estado.

 


“Hay que animar al joven y demostrarle que sí hay oportunidades en el campo”, señaló al indicar que en el caso de los cacaoteros “lastimosamente no pueden vivir solamente de la producción, (por lo que) se dedican a actividades complementarias como la venta de bolones”.

 



Sin trabajo


En la necesidad de incentivos concuerda Ángel Catucuamba, de la Asociación de Lácteos Nuevo Futuro de Cayambe. “Los que salen a estudiar ya no quieren volver al campo, aunque estudien algo vinculado a la agricultura”, reflexionó.

 


Según él, en su comunidad “los jóvenes aspiran a tener sus propios ingresos y tener un sueldo fijo y todos los beneficios de Ley, algo que no se tiene en el trabajo en el campo”. (RVD)



 

TÉCNICO. Ney Barrionuevo, funcionario del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.



Escasa información

 


Alejandra Estévez, consultora de Rimisp, señaló que no hay información estadística de servicios en el campo del país. Sostuvo que este tema, sobre todo, es cuestión de voluntades. “No hay mecanismos de control ni de respuesta más allá de esas voluntades.

 


No se ha priorizado este tema y por ello no hay información. Por otro lado, hay que valorar ciertos efectos inevitables de fenómenos como la globalización; esto es algo que cada vez más incide en las necesidades básicas. Esta dinámica va separando al joven rural de su entorno familiar y comunitario”, señaló.





Cifra


65%


de los jóvenes rurales en Ecuador son considerados mestizos, 15% indígenas, 12% montuvios y el 8% restante se consideran blancos, afrodescendientes o mulatos.







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