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Día de la Mujer: Escuela Mujeres de Frente, un territorio donde se construye la libertad

Miércoles, 8 de Marzo de 2017

ESPACIO. La Escuela de Mujeres apoya a personas adultas que quieren terminar sus estudios de primaria y de secundaria.



La caligrafía de Alicia Guerra es de un trazo clásico y un poco inclinado, las ‘eles’ y las ‘efes’ están decoradas con un lazo barroco que le da un toque elegante. Parece que cada letra tiene un valor en sí mismo, como si fueran pequeñas obras de arte, cada una de ellas es única e irrepetible.

 


Con ese esmero, Guerra escribe una bonita redacción que versa sobre El Día de la Mujer, que se celebra hoy en todo el mundo. Resulta sorprendente que hace tres meses apenas recordaba bien como había que escribir.

 


Proyecto

 


Ella es una de las mujeres que forman parte de la Escuela Mujeres de Frente, una organización social privada que ofrece apoyo académico a mujeres adultas. En realidad a ellas les gusta utilizar el término de ‘acompañantes’, ya que su tarea trasciende el hecho de transmitir conocimientos; les escuchan, les apoyan, son parte de un proceso que apunta hacia el empoderamiento de la mujer.

 


A Alicia lo que más le gusta en esta vida es bordar, también cocinar. Fue su hija la que la animó a participar en este espacio. De joven no pudo finalizar el bachillerato y luego los devenires de la vida la alejaron de los libros. Era una asignatura pendiente. Acude dos veces por semana a la escuela, que funciona en un centro cultural y autogestionado, en las calles Olmedo y Guayaquil. Aquí realiza ejercicios de matemáticas, de gramática, redacción e incluso visionados de documentales.

 


Más allá del innegable aprendizaje que recibe lo que más valora esta quiteña de 60 años es el ambiente que se respira: “Aquí he encontrado un grupo de amigas, un espacio de tranquilidad, de olvidarme de mis problemas, de tener gente de confianza. Eso lo valoro mucho”.

 


Detrás de este proyecto se encuentra un grupo de unas siete acompañantes que son las que dan los cursos en turnos de mañana y de tarde. Una de ellas es Verónica Córdoba, ingeniera industrial española que reside en Quito desde 2011. Desde entonces, comparte semanalmente ocho horas con estas mujeres que por circunstancias de la vida no pudieron terminar sus estudios.




 

HERRAMIENTA. El programa cuenta con un seguimiento personalizado, cada mujer sigue su propio ritmo.



Derribar muros

 


“El no poder escribir implica una discriminación social, la palabra escrita es una herramienta de control social, para explotar, la capacidad de decidir de toma de decisiones, es de vital importancia. En el día a día construye muchos muros, como cuando quieren pedir hora al médico o leer las recetas, o firmar un documento…”, explica Córdoba.

 


En los pasillos de la casa encuentras niños jugando, mujeres en talleres varios, cineclubs, cursos de teatro y música, todo en un ambiente creativo. Desde aquí se lanzan iniciativas de corte social para la ciudadanía en general, sin embargo, el proyecto de Mujeres de Frente está dirigido únicamente a mujeres adultas.

 


En otra de las aulas está sentada Luisa (nombre ficticio, no quiere dar su nombre real) revisando sus apuntes. Todo su espacio de trabajo, sus carpetas y material escolar, está impoluto. Realiza sus tareas con diligencia y con una permanente sonrisa. Llegó hace dos años sin saber leer ni escribir: “nací en la zona del Chimborazo, me crié en el campo, allí no era importante leer o escribir. Desde muy niña me dediqué al comercio. Ahora ya puedo leer y escribir, me gusta mucho leer cosas de historia, conocer en los libros cómo fue el pasado. Les estoy muy agradecidas a estas chicas que son tan pacientes y cariñosas conmigo”.

 


Ella también valora muy positivamente el ambiente de cariño y aceptación que recibe por esta pequeña familia. Justo su marido fue quien la alentó a venir a estas clases “para ser una mejor persona”. Fruto de su esfuerzo y su tesón aprendió a escribir y a leer perfectamente, pero sobre todo, a ser más libre. (MAP)





Una mujer y su sueño cumplido



Soñaba con terminar la primaria y lo hizo. Es la historia de Rita Silva, una mujer de 46 años. “Hasta ahora pienso que es un sueño, nunca pensé sacar ese diploma, es un sueño”, dice esta madre de siete hijos. “Mis hijos me dicen por fin mamita”.

 


Rita llegó hasta sexto grado y luego dejó la escuela y la casa. “No quería ver cómo mi papá golpeaba a mi mamá”, cuenta. Empezó a trabajar muy joven, de empleada doméstica, en fábricas, en restaurantes, de guardia de seguridad…

 


Ahora sueña con ser enfermera y agradece haber dado con la escuela. “Tienen una madera de enseñar increíble, le hacen entender cada cosa que le enseñen, uno aprende rápido”.





El Dato


La escuela Mujeres de Frente recoge y vende ropa usada como parte de su autogestión. Cualquier donación pueden comunicarse a: colectivomujeresdefrente@gmail.com









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