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El hormador que da forma a los sombreros

Miércoles, 15 de Marzo de 2017

TRABAJO. Se horman sombreros tan pequeños como el del Niño Jesús de la comunidad de San Marcos en Azogues. (Foto: Mauricio Tapia/PCI)



Es una profesión que está desapareciendo porque cada vez se usa menos el sombrero.



El sombrero de paja toquilla se ha constituido en un elemento identitario indispensable en la indumentaria de las comunidades de la región austral y de la Costa ecuatoriana.

 


Su confección implica un proceso largo y complejo que dentro de su cadena de valor cuenta con al menos 12 pasos. En el último momento de este procedimiento se encuentra el hormado, que consiste en someter al sombrero a un proceso que lo hará más resistente y en el que se le da la forma deseada por el cliente. Este tratamiento es el único que se repite frecuentemente debido al desgaste o al estropeo que soporta en el uso diario.

 


Según escribe la historiadora Paola Moreno en la revista Patrimonio Cultural Inmaterial, en los últimos años los usuarios de sombreros de paja toquilla han disminuido y, consecuentemente, también se ha reducido el número de hormadores.

 


Un sobreviviente



Héctor Quishpe, de 38 años de edad, es uno de los pocos hormadores que quedan en Azogues. Él se involucró con el oficio cuando tenía 13 años, después de terminar la escuela y cuando en el taller La sin rival pedían ‘un muchachito’ para trabajar. Fue su madre la que le llevó para que se formara como hormador de sombreros y allí conoció a Antonio Rojas, quien le transmitió los conocimientos y secretos del oficio. Años después pasó de ser aprendiz a ‘oficial’ y luego, debido a la edad avanzada de Antonio Rojas, se asociaron y unos años más tarde Quishpe asumió la administración de La sin rival.

 


Ahora su jornada empieza a las 07:00 para restaurar los sombreros sucios o rotos a causa del uso diario o de la lluvia. Los lava con agua, jabón y se ayuda con un cepillo para dejarlos suaves y manejables, los coloca en una horma, dependiendo de la talla y del modelo que se busque, que van desde los 5 cm de diámetro y son utilizadas para sombreros de imágenes religiosas, hasta las hormas que tienen 20 cm de diámetro para los de talla grande.




 

PROFESIÓN. Héctor Quishpe se mantiene en la profesión de hormador de sombreros. (Foto: María Teresa Arteaga/PCI)



Trabajo artesanal

 


La forma del sombrero se logra por efecto del vapor, del peso que le proporciona una plancha a carbón y por la presión que el hormador ejerce al plancharlo. Para los detalles, como los hundidos en la parte delantera de la copa o para las elevaciones en el ala, se utiliza la herramienta denominada churuco.

 


Después de plancharlo, se lo unta con una mezcla de azufre molido, agua y goma para endurecerlo y blanquearlo. Finalmente se lo deja secar al sol y se lustra para darle más brillo. Todo el proceso dura aproximadamente ocho días.

 


Quishpe queda satisfecho con el trabajo que realiza con cada sombrero, pero teme que su oficio termine. Dice que antiguamente el uso de este objeto era generalizado mientras que en la actualidad solo las poblaciones campesinas mestizas son las que lo utilizan como parte de su indumentaria. (CM)




 

Pocos aprendices



Luego de más de 50 años de que La sin rival abrió sus puertas al público, Héctor Quishpe considera que, debido a la disminución de clientes, en pocos años tendrá que cerrar.

 


“A este paso que vamos, unos cuatro o cinco años no ha de haber más. Y es que los mayorcitos ya se van muriendo y la gente joven ya no se pone sobrero. La clienta más joven que tengo ha de tener unos 45 o 50 años”, dice Quishpe.

 


Además, recalca que hoy en día este tipo de talleres no cuentan con aprendices a quienes trasladar los conocimientos sobre este oficio tradicional, porque las nuevas generaciones no observan en esta ocupación una forma de subsistencia.






Indicativo



Lugar de procedencia


Quienes llevan sombreros calados y con figuras son oriundos de la comunidad de San Marcos, cantón Azogues.

Quienes usan sombrero quieren lucirlos como nuevos durante fiestas religiosas y civiles.

Hay demanda de hormado en agosto, por la romería de la Virgen de El Cisne.

El trabajo también aumenta en diciembre por las fiestas de Navidad y Fin de Año.

También es usual que haya mayor demanda del hormado antes de las fiestas de cada comunidad.









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