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El otro Bolívar

Lunes, 20 de Marzo de 2017

El otro Bolívar



Una mirada frente a la obra de Gabo en torno a la figura de ‘El Libertador’.





Alejandro Querejeta Barceló• Más que el documento —y hay que decir que Gabriel García Márquez revisó toneladas de ellos—, en ‘El General en su laberinto’ es la imaginación, asentada en un estudio cuidadoso de los contextos, y en la sicología del héroe americano, lo que nos permite reconstruir una compleja personalidad como sin lugar a dudas fue la de Simón Bolívar, ‘El Libertador’.


La bibliografía bolivariana es desproporcionada en sus epígrafes, en sus tópicos disímiles; sin límite en su extensión, siempre creciendo; variada, de profundidades diversas; polémica, positiva o negativa a los intereses integracionistas del hombre que la inspiró; ajena o enraizada en su pensamiento.


Sin embargo, se nos presenta tímida, cuando no sumaria, a la hora de describirnos esa ardua y angustiosa última etapa que corre del primero de marzo de 1830 hasta el 17 de diciembre de ese año. Tal es el período que el autor de ‘Cien años de soledad’ aborda en su novela, histórica si partimos de su vinculación visceral con acontecimientos y personalidades, pero fiel a un estilo que a veces apoyándose en hipérboles y metáforas sorprendentes, tiene la virtud de iluminar allí donde no pudo ni la ciencia del dato, ni la cronología, ni el informe más o menos oficial.

 



Elementos


En ‘El General en su laberinto’ se agrega al elemento de la soledad descrito en su exacta naturaleza, otro aspecto del amor apenas dilucidado por la narrativa latinoamericana actual: el del amor contrariado referido a la patria. Se trata, pues, de un libro triste para cuantos nos acostumbramos a ver en Bolívar al persistente triunfador y nos olvidamos de la advertencia que hace un siglo hiciera Martí: “Bolívar murió de pesar del corazón, más que de mal del cuerpo”.


Con necesarias retrospectivas que contribuyen a que la lectura se encamine de acuerdo con los intereses generales del reato, es decir, que permitan explicarnos el porqué de la conducta y las actitudes del personaje protagónico en cada circunstancia, ‘El General en su laberinto’ es contada desde la omnisciencia de un narrador que nos posibilita adentramos en los más íntimos procesos espirituales del mismo. Desde la primera página estamos cara a cara de un hombre que va inexorablemente a la muerte y que cumple su destino como si con su propia mano lo hubiera prefijado en un severo calendario.

 


Hay mucho de tragedia griega en esa trama que se desarrolla implacablemente, de manera gradual, sin olvidar informarnos de las grandezas y miserias de una época que, de cierta forma, es el otro protagonista con el que trabarnos conocimiento. Una época que se cifra en un tejido de personajes y episodios, del que podemos colegir su esencia contradictoria, a veces extraviada, violenta, un tanto ingenua, sorda a voces previsoras.

 



Metáforas


También apuntan los símbolos convocados: el río en su transcurrir incesante, accidentado, mutable e impredecible hacia el mar, hacia el área costeña, paraíso perdido de la juventud de Bolívar ya irrecuperable; la relación del héroe con la Patria Grande a la que aspira, intensa y devoradora, pasional como las desarrolladas por Eurípides en sus tragedias; la barca en que se padece y se sueña, se delira y se navega a un final inevitable; el laconismo de los diálogos, el matiz sentencioso que los preside, que señala hacia el abismo polisémico de la poesía. Y, por último, la conciencia en cada uno de estar viviendo un drama despiadado del que es imposible sustraerse.


Tampoco debe pasarse por alto la ceguera de Bolívar, visto por García Márquez, respecto a determinados hechos, la sobrevaloración de su importancia, porque en ello radica también otro rasgo que no tiene menos peso que los apuntados. Se dice que García Márquez elaboró su texto con el auxilio de una computadora. Mas, pese a que es rico el léxico que emplea, hay monofonía en el uso de los verbos repetidos a veces sin justificación. Y se advierten deslices.

 


El autor nos trae de Venezuela al teniente de navío José Tomás Machado con un mensaje para el General, y un poco más adelante lo vemos marchar con los arados de capitán sin que medie información alguna sobre el particular.
No siempre, pues, las computadoras son infalibles. Pero estos detalles no ensombrecen los boros formales de ‘El General en su laberinto’, bien coordinado edificio en el que no está demás ninguna de las piezas, y en el que la apasionante desmesura del lenguaje garciamarquiano nos hace ver escenarios en los que no falta un detalle, y en los que los hombres y la naturaleza se ven reflejados vívidamente. Una novela, en fin, de la que habrá que hablar más de una vez.

 



aquerejeta@lahora.com.ec


 



"Hay mucho de tragedia griega en esa trama que se desarrolla implacablemente”.



 

 


El dato


Este marzo se conmemoran los 90 años de natalicio de García Márquez.

 




50

años cumple ‘Cien años de soledad’.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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