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Los diablos llegan a Alangasí

Martes, 11 de Abril de 2017

CONOZCA. Los diablos de Alangasí recorren las calles asustando a los transeúntes. (Foto: Archivo de La Hora)



Personajes disfrazados del mal irrumpen las ceremonias religiosas de Semana Santa.



Desde hace 158 años aproximadamente, aparecen en Alangasí, ubicada en el sureste de Quito, justo en Semana Santa, unos diablos con coloridas y espantosas máscaras llenas de cuernos y colmillos, vestidos de rojo y negro.

 


Ingresan desde el Viernes Santo sin respeto alguno a las iglesias católicas, mientras se realiza el oficio religioso, portando revistas pornográficas, dinero, tecnología de punta y más objetos con los que pretenden llamar la atención de los feligreses y corromperlos.

 


“Cada Semana Santa salimos (los diablos) a entorpecer todos los ritos religiosos de Viernes Santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección”, expresa Tomas Chichán, diablo capataz que lleva más de 20 años representando a ese personaje, quien añadió: “Somos los diablos de Semana Santa de Alangasí y lo que queremos es hacer notar a las personas lo malo que hay en el mundo: la lujuria, el alcoholismo, la avaricia… Deseamos hacer notar lo contrapuesto a lo bueno que es Jesús”.

 



La maldad se apodera

 


Los diablos aparecen el Viernes Santo, después de enterarse que Jesús fue apresado. Recorren las calles de Alangasí tentando a sus habitantes y a quienes los visitan. Esperan pacientes en la puerta de la iglesia matriz, mientras el cura hace referencia a las ‘Siete palabras’ que Jesús pronunció antes de su muerte. Después de hacer referencia a la sexta palabra: ‘Todo está consumado’, “el diablo se apodera del mundo, pues sus pupilos entran a la iglesia a apoderarse de ella. Cuando muere Cristo en la cruz es el júbilo de nosotros (los diablos) porque se fue el bueno y reina el mal”, relata Chichán.

 


En un nuevo intento por apoderarse del mundo, los diablos buscan interrumpir la ceremonia religiosa de resurrección, el Sábado de Gloria; ingresan a la iglesia abriéndose paso entre personajes santos (almas santas, cucuruchos…) y cientos de feligreses, pero al enterarse que Jesús resucitó, emprenden la huida para ocultarse en las tinieblas.

 


El Domingo de Pascua, cuando el bien triunfa sobre el mal, se ejecuta al diablo, representado en un muñeco de trapo, y luego el pueblo festeja la Pascua florida con música y juegos pirotécnicos.


 

TENTACIÓN. Este diablo lleva en sus manos dinero con el que pretende tentar a los ciudadanos. (Foto: Archivo de La Hora)



Acción de penitencia

 


En la Iglesia católica los fieles devotos preparan el cuadro vivo de la Semana Santa y la procesión por las principales calles de la parroquia en la que participan cucuruchos, turbantes, santos varones, soldados romanos, abanderados y más.

 


Los más de 20 diablos, que se organizan desde horas de la madrugada del Viernes Santo, salen a las calles con sus cuerpos pintados de rojo y negro con serpientes, calaveras y más símbolos del diablo, con capas rojas, pesadas máscaras, botas y tridentes bulliciosos, ingresan a negocios y casas, se ríen, se mofan y asustan a todo cuanto ciudadano pase cerca de ellos.

 


Pero representar al diablo es una penitencia, asegura el diablo capataz Tomas Chichán. Es un sacrificio toda la actividad física que se hace en los días de su aparición, como es caminar mucho, estar de pie varias horas, cargar pesadas máscaras…

 


Este sacrificio vale la pena, porque los participantes piden perdón por sus pecados o agradecen lo bueno que ha llegado a sus vidas. “Representamos al diablo, pero interiormente nuestro corazón está con Cristo Jesús, entonces para nosotros si es un verdadero sacrificio…”, enfatizó. (CM)




Sobre la parroquia



A 20 minutos al sureste de Quito se encuentra la parroquia de Alangasí que, según cuenta su historia, fue un centro indígena de importancia durante la época Colonial.

 


Alangasí se asienta en la conocida región del Ilaló, donde se ubica el volcán apagado del mismo nombre. Allí se encuentran numerosas aguas termales que antiguamente fueron visitadas por caciques. Investigaciones arqueológicas han encontrado vestigios (pondos, vasijas y piedras obsidianas tratadas) del periodo Paleoindio (11.000 a.C.).









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