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Un año y siguen en un salón de clases

Lunes, 17 de Abril de 2017

FAMILIA. Ainara cumple el 17 de abril sus 6 meses primeros meses de vida. Todo este tiempo ha vivido en un refugio.



El cantón Muisne, en el sur de Esmeraldas, fue uno de los más afectados de la ‘Provincia verde’.


 



Ainara nació el 17 de octubre del año pasado, un día después de cumplidos los seis primeros meses del terremoto que destruyó la casa de sus padres, allá en el cantón Muisne, en el sur de Esmeraldas, donde todavía se vive en carpas y salones de clase.


Ainara está en una de las aulas de la escuela 3 de Octubre. Su día a día transcurre sobre una hamaca negra, dos almohadas, pañales, la bulla de sus cinco hermanos y el cuidado de sus padres, quienes ya se acostumbraron a escuchar que su hija es la reina del albergue.


La bebé nació en el hospital, pero sus papás, al igual que otras 36 familias, se refugiaron en el centro de estudio por la falta de casa; transcurrido un año del desastre, en el sitio quedan 12 familias esperando la ayuda gubernamental, asistencia que llegó para gente de otras jurisdicciones pero no para Ainara.


Antonio Colorado, el papá de la niña, recuerda que en los primeros días de la desgracia la ayuda de filántropos era constante, pero en la actualidad solo sus ingresos como pescador permiten solventar los gastos de la familia de ocho: cuatro hombres y cuatro mujeres.

 

 

 



Sin muertos


El hombre se da un tiempo para renegar por la poca asistencia hacia las personas que no están en los albergues estatales. “Como no somos del albergue oficial, no nos han colaborado y vivimos solo con lo que hacemos en el día a día”, aclara.


Su esposa, Rosa Méndez, se muestra más agradecida con la vida. Ella centra su gratitud en el nacimiento de sus seis hijos, aunque deja en evidencia su mayor afinidad por la recién nacida. “Lo malo lo tapa el regalo de Dios”.


En el refugio todos se conocen, se tratan y saben las necesidades. Fabricio Quiñónez, el vecino de la familia de Ainara, cree que la bebé debería tener ayuda gubernamental. “En Muisne muchas casas se cayeron, nadie ayuda, es lamentable que eso suceda, ¡somos seres humanos!”, protesta el también afectado por el terremoto de 7,8 en la escala de Richter, que en 42 segundos mató 671 personas.


Ninguna muerte ocurrió en la isla de Muisne, cantón altamente vulnerable a tsunamis. Su gente vive de la pesca, la agricultura y el turismo, aunque luego del remezón los turistas disminuyeron sus visitas a la zona, donde la obra más emblemática es un puente peatonal en construcción.

 

 

 



Obligados a pagar


Los muisneños anhelaban un puente carrozable, pero el Gobierno, para evitar la sobrepoblación de la ‘Isla del encanto’, declarada por la Secretaría de Gestión de Riesgos como zona propensa a inundaciones, está construyendo un acueducto que también permite el paso de mototaxis.


Los 5,6 millones dólares asignados para la obra no salieron de las arcas del Estado, son resultado del aporte obligatorio del 2% adicional del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que hasta junio de 2016 estaba en el 12%. Con lo recaudado también se trabaja en dos planes habitacionales.


Antonio Colorado no está en ese listado, por lo que, entre sus planes familiares está construir una casa con el dinero que logre ahorrar con la pesca. Mientras eso ocurre, sus hijos de entre 13 años y 6 meses de edad, desarrollan su vida entre un salón de clases y el cerramiento de una escuela que soportó el terremoto de aquel 16 de abril. (MGQ-FHI)

 




671

personas murieron en el terremoto, según las cifras oficiales.

 

 



42

segundos duró el movimiento telúrico.