No es tele

ENE, 16, 2019 | - Por DANIEL MARQUEZ SOAREZ

Daniel Marquez Soares

Las historias nos seducen. Un personaje humano, un buen villano, un conflicto de voluntades, una buena dosis de drama y un final inesperado pueden hacernos simpatizar con cualquiera. Nuestra adicción a las buenas historias y nuestra aversión al aburrimiento nos dejan a merced de creadores poco escrupulosos. Gobiernos parias o movimientos radicales han sabido aprovecharse de ello para manipular la opinión pública. La industria del entretenimiento, igualmente, ha lucrado tejiendo leyendas alrededor de personajes u oficios indignos de glamour y admiración. 

Durante siglos, la maquinaria del militarismo y la violencia irracional ha sido lubricada con historias de sacrificio y heroísmo tan conmovedoras como fraudulentas; la Guerra Fría fue, en ese sentido, una mina de oro de personajes, epopeyas y sentimentalismo. Lo mismo, con sus hagiografías y su monumental mitología, hicieron antes las grandes religiones durante siglos. Se abusaba de la narración para justificar el fanatismo. 

El mundo se ha ido al otro extremo. El empresarial, la industria del  espectáculo y el deporte profesional han buscado barnizar con bellas historias la esencia codiciosa de sus industrias. El cine, la televisión, la industria del ‘bestseller’ y el mal periodismo han creado un culto al héroe amoral, desleal y ególatra. Los grandes personajes dramáticos son criminales, parias, autoridades corruptas o creadores pragmáticos. 

Ciertos elementos antes tenidos como trágicos o vergonzosos en un personaje, ahora resultan sexys. Se ve en el pandillero, el narcotraficante, el mercenario, el especulador financiero, el cantante de reggaetón, el abogado inescrupuloso y demás personajes de las series de televisión. El héroe mediático contemporáneo exhibe características muy poco heroicas: cínico, codicioso, víctima impotente de las circunstancias.  

Ni siquiera la política se salva. Series como “House of Cards” han hecho por la escoria humana e institucional de la política lo mismo que “Narcos” por los carteles internacionales. Queremos convertir algo tan simple y aburrido como la administración pública en un juego de egos, codicia y conspiraciones. 


dmarquez@lahora.com.ec
 

COMENTA CON EL AUTOR

dmarquez@lahora.com.ec

Más Noticias De Opinión

Las incoherencias de Maduro

00:35 | | Una persona incoherente es la que no guarda una relación lógica consigo misma, ni con lo que dice; alguien a quien las contradicciones le vienen bien.

Notre Dame en llamas

00:30 | | Víctor Hugo y Quasimodo –“el jorobado”- miran incrédulos. El barrio de la Cité, trastornado. Las llamas arden y Notre Dame, símbolo de París, se incendia.

Más que faldas y pantalones

00:25 | | No es suficiente llevar pantalones o faldas para tomar decisiones.

Con misericordia, no con violencia

00:20 | | Según Scotland Yard, la reciente detención de Assange se debe a un pedido de extradición del Gobierno de EE.UU., que lo acusa de un grave delito -con una pena de cinco años de prisión- contra la seguridad: la publicación.

Lista de la codicia

00:15 | | La ciudadanía requiere que se publique la lista definitiva de Odebrecht con los detalles judiciales para determinar a los encubridores de delitos. Varias comisiones de altas autoridades viajan al Brasil.

País divertido

00:10 | | Las democracias consolidadas que gozan de altos niveles de calidad y resiliencia son posiblemente las más aburridas, en el mejor sentido de los términos.

Pablus dirá cuándo será

00:05 | | En la década del 70 del siglo pasado más de la mitad de los seres humanos estaban gobernados por dictaduras del proletariado que implantaron economías centralmente planificadas.