El doctor Julio César y la vejez

MAY, 26, 2019 | 00:35 - Por Ugo Stornaiolo

Ugo Stornaiolo

Se ha vuelto un oxímoron hablar en el Ecuador de políticos honestos. “Yo quisiera que ella llegue a mi edad. No pueden decirme que soy viejo y ladrón”, le contestaba a su coterránea (la tierra no es culpable de algunos hijos) Gabriela Rivadeneira, quien lo cuestionaba por la edad.

Pocos llegan a esos 88 años y más, como la doctora Isabel Robalino, con lucidez en la mente y la tranquilidad de haber entregado todo sin pedir nada. Sí, el doctor Julio César Trujillo fue un político de cepa, que hizo de esta actividad una misión de servicio.

Fueron varias sus funciones (fundador de la Democracia Popular, diputado, asambleísta, defensor del pueblo, académico, tratadista del derecho laboral y defensor de causas “perdidas”), pero vivía modesta, aunque dignamente, en su departamento de la avenida 6 de Diciembre y Colón.  

Su última misión fue, tal vez, la más trascendente. Al encargo del ejecutivo de presidir el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social respondió con ánimo y buscando “descorreizar” las instancias donde Rafael Correa metió la mano cuando era presidente y se creía “jefe de todas las funciones del Estado”. 

El resultado es que el Cpccs dejó sin funciones a quienes eran solo apéndices del caudillo neopopulista y serviles de una causa en la que solo creían porque les reportaba un buen salario y a algunos, jugosas ganancias en contratos y otras prebendas.

Puede criticarse que Trujillo haya pactado en 1979 con CFP, partido de Assad Bucaram, para llevar a la presidencia y vicepresidencia a Roldós y Hurtado, pero eran otros tiempos. El país salía de una dictadura y se ajustaba a esas reglas. Trujillo fue el sacrificado del desgaste del gobierno de Oswaldo Hurtado (1981-84), propiciando la llegada al poder de León Febres Cordero.

Tranquiliza saber que el legado del doctor Julio César fue instalar o ratificar en las funciones de control a personas honestas, sin los pecados de la década del terror. El mejor homenaje será que aquellos que quisieron eternizarse en el poder no vuelvan y se castigue a los correístas que lo agredieron por “ser viejo”, como si fuera enfermedad…


ugostornaiolopimentel@gmail.com
 

COMENTA CON EL AUTOR

webmaster@lahora.com.ec

Más Noticias De Opinión

Día Mundial del Refugiado

00:45 | | Abandonan sus familias, sus amigos y trabajos, sus escuelas y sus países huyendo de la violencia, las injusticias, los conflictos sociales y políticos, la persecución y las guerras, y de formas abiertas o enmascaradas de opresión.

Solo queremos un país seguro

00:40 | | Soy el segundo de doce hermanos de los mismos padres. Mi infancia fue bonita, hasta que un día llegó a nuestra finca un grupo armado al margen de la ley.

Hola, hijo…

00:35 | | Mi Dios te bendiga y te proteja. Espero estés bien. Ya estás hecho un hombre. Sabes, te echo de menos todo el tiempo. Más que mi hijo, eres mi compañero.

Sin fronteras

00:30 | | Hace aproximadamente 15 años llegué a Ecuador, dejando todo atrás: la escuela, amigos, familiares, mi casa, mi pueblo, mi país, mi todo.

Juntas

00:25 | | Las Mujeres Unidas del Pacífico somos 21 mujeres adultas de diversas edades que nos agrupamos para sobrellevar las distintas afectaciones emocionales (ansiedad, estrés, alteración del sueño, entre otras) provocadas por haber tenido que salir de nuestro país de origen...

Tenemos derecho a rehacer nuestra vida

00:20 | | El 13 de noviembre de 2018 llegué a Tulcán como refugiado después de huir de Colombia.

No hay último destino

00:15 | | Aún hoy me cuesta creer que fui desplazada por segunda vez. Salí de Colombia en 1975, a los 19 años, con toda mi familia a Venezuela, que en ese momento era el país que ofrecía más oportunidades.

La perfección de los caracoles

00:10 | | No pertenecer a ninguna parte es la sensación del migrante o refugiado en el país que lo recibe, pero antes, también fue un extraño sin cabida en el país del que salió. 

Luz de esperanza

00:05 | | Mi historia como refugiada es algo que nadie quisiera vivir. Nunca podré olvidar ese 2 de agosto de 2012.

COLUMNISTAS