La corrupción

ENE, 17, 2019 | 00:10 - Por Rodrigo Contero Peñafiel

Rodrigo Contero Peñafiel

Es la acción o efecto de corromper o corromperse, entregar o aceptar dinero, regalos o canonjías de cualquier naturaleza para conseguir favores o beneficios personales, alterando la estructura original de un hecho real y verdadero, degenerando la moral y las buenas costumbres; es un fenómeno mundial que destruye las instituciones de un Estado.

Una auditoría avalada por la ONU, hecha a cinco proyectos emblemáticos en el sector petrolero del Ecuador, ratifica las irregularidades cometidas en la década perdida que ya fueron detectadas por la Contraloría General del Estado. Por este y otros hechos de corrupción que brotan todos los días, transparencia internacional ubica al Ecuador entre los 10 países más corruptos del mundo. 

A cada país se le da una puntuación que va de 0 a 100, siendo los países con puntuaciones bajas los más corrompidos. La participación en sobornos y financiamiento ilegal a cambio de contratos públicos saturan al país de vergüenza. 

Cuando se usa y abusa del poder: el tráfico de influencias, la extorsión, el soborno, el fraude, los sobreprecios, el pago de diezmos, los prestanombres se tornan normales. Por eso los oportunistas y testaferros se apoderan de bienes y dineros públicos. 

Denunciar un hecho de corrupción tiene sus riesgos y consecuencias, pero no hacerlo los convierte en cómplices de peculado, enriquecimiento ilícito, cohecho o concusión. Obtener dinero fácil se ha convertido en una práctica permanente en el país; un escándalo cubre a otro y el “hasta las últimas consecuencias” no tiene valor ni credibilidad en la justicia.

Ser honesto es uno de los valores humanos que nos hace respetables; a pesar de que no existan testimonios de nuestra buena conducta, ser decente incrementa la confianza y desarrolla la voluntad para alcanzar el éxito. Por desgracia hay gente que piensa que el ser honesto no vale la pena, que la decencia es de tontos, que la corrupción y la mentira dan fama y dinero. Se impone con urgencia entonces la conformación de una comisión anticorrupción con la participación de la ONU. La herencia del correísmo es muy pesada, hay que encontrar la ruta del dinero y recuperarlo. El Ecuador reclama justicia.


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