No estamos para manipular a nadie

MAR, 24, 2019 | 00:02 - Por JAIME DURÁN BARBA

Jaime Durán Barba*

El método de trabajo diferencia al propagandista político del analista político. Los primeros creen que la verdad está en sus ideologías, que pueden decir cualquier mentira con tal de ayudar a sus líderes, que con sus escritos mueven votos. Otros creemos que hay que acercarse lo más posible a lo que es objetivo, contrastando hipótesis y analizando la política en base a hechos. No creemos que influimos en las masas, ni que estamos para manipular a nadie. Simplemente decimos lo que creemos para estimular el progreso del conocimiento entre quienes quieren pensar. Desgraciadamente son pocos. 

En nuestros países existe un enorme porcentaje de personas que está vitalmente en contra de las normas vigentes. No han leído a Marx o a Bakunin, no se parecen a los revolucionarios del siglo pasado. La sociedad de la Internet ha fomentado esta sensación de marginalidad radical de muchos, que se expresa de múltiples maneras y pone en peligro a toda la política tradicional. 
No hay sociedades que sean totalmente anárquicas, ni otras que sean totalmente formales. Individualmente es raro que alguien no respete absolutamente ninguna norma o que obedezca todas las que existen. Todos estamos dentro de una escala en la que tenemos distintas actitudes hacia el respeto por las normas. Es posible asfixiarse en Ginebra por el exceso de orden y morir en Caracas por el caos anómico que desorganizó Maduro. 

La anomia suele agudizarse cuando una sociedad sufre una crisis de valores o vive procesos de cambio radicales. En esa circunstancia muchos creen que quienes buscan el cambio están por sobre la ética “burguesa”. Para quienes creían en la revolución, cuando un grupo guerrillero asaltaba un banco, secuestraba a un ciudadano o asesinaba a un expresidente no cometía delitos, simplemente era coherente con sus convicciones políticas. 

Para sus adversarios eran delincuentes a los que había que reprimir con todo el peso de la ley. Bastante gente en el continente puede admitir el valor ético de lo que ocurrió en esa época a partir de las “convicciones”, especialmente si cree en alguna de las ideologías que estaban vigentes. 

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino. 
(Fuente www.perfil.com). 

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