Latacunga emancipada, un sueño de ayer y de hoy

NOV, 11, 2019 |

FOTO: Miguel Ángel Rengifo

POR: PAULINA CORONEL PÁEZ

Latacunga, capital de Cotopaxi, vivió su gesta libertaria, del dominio español, el 11 de noviembre de 1820. La lucha de los valientes patriotas se vio finalmente consolidada el 24 de mayo de 1822, con la libertad definitiva del Ecuador.

Hoy, se celebran 199 años de independencia, con alrededor de 200 mil habitantes, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). En 2010, la población era de 170 mil, lo que representa un 41,7%, del total de la provincia. Latacunga ha crecido, progresado y evolucionado. Es linda y moderna y está libre del yugo español, sin embargo aún está presa de múltiples opresiones que impiden que su gente viva libre y feliz. Las motivaciones que movieron a los próceres de 1820, están plenamente vigentes: “Alcanzar la igualdad, la equidad, la libertad, la emancipación social y humana”.

Una muestra de ello, es la muerte de Elvia Verónica Llumitásig Illaquiche, mujer indígena de 16 años, oriunda de Guangaje (Pujilí); cuyo cuerpo apareció flotando en el río Cutuchi de Latacunga, el 21 de octubre pasado, con su rostro cubierto con un costal y sus manos atadas con una cuerda del mismo material. Había desparecido en la parroquia Eloy Alfaro, lugar de vivienda de muchas familias del campo, que emigran a la ciudad, en busca de trabajo y mejores oportunidades de vida; y que difícilmente las encuentran.

Ella es una, de las 17 mujeres que han muerto de manera violenta, en lo que va del año, en la provincia. Una joven, a la que se le truncó la vida, de una manera cruel, y quien no conoció la justicia, ni la libertad, menos un trato humano, ni una vida digna.

Este es solo un ejemplo de las difíciles condiciones de subsistencia, de una gran parte de la población de Latacunga; por la inseguridad, la violencia intrafamiliar y de toda índole, la falta de educación, salud, y acceso al trabajo. A más de la ausencia de valores y la invasión tecnológica que generan una juventud quemimportista, ligada al facilismo, carente de respeto y ganas de pelear por mejores días, en pos de una independencia definitiva, que nos permita ubicarnos en el primer mundo.
El sueño de una Latacunga próspera, nos corresponde a todos.
 

¿Y las mujeres, qué papel juegan en estas luchas?

Baltazara Terán, es un ejemplo de valentía, perseverancia, solidaridad y convicción de que la libertad es el mejor camino. Reconocida como prócer de la Independencia de Latacunga, vivió de cerca las acciones libertarias desde 1809. Por apoyar a las tropas republicanas, fue encarcelada, azotada y humillada, sus bienes confiscados.

Así como ella, muchos nombres suenan a lo largo de la historia: Antonia Vela, Manuela Iturralde… Y con el pasar de los años: Victoria Vásconez Cuvi, Elvira Ortega; escritora y maestra, quienes junto a otras mujeres son las artífices del concepto acertado, de que solo la educación nos permitirá salir de las varias formas de esclavitud, antes y ahora.

Los logros femeninos en 199 años son muchos y positivos, no solo en Latacunga, sino en el país. Importantes cargos directivos públicos y privados están en manos de mujeres. Las cifras dicen que el 37% de ellas ejercen estas funciones.

Pero también, hay números desalentadores: seis de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia, y una de cada cuatro sufrieron agresiones sexuales. 

Las campañas para que las mujeres pierdan el miedo a la denuncia abundan. Sin embargo, solo la educación como pregonaron nuestras antepasadas permitirá superar este problema social.

Los hombres necesitan educarse para comprender, aceptar y apoyar los roles de la mujer. Las familias deben caminar unidas para enfrentar los retos del mundo moderno y las mujeres prepararse y ser el soporte de la sociedad, desde cualquier ámbito en el que se desempeñen.

La violencia debe desterrarse y no desaparecerá solo con sanciones. Hace falta un trabajo conjunto entre autoridades y la comunidad. Las primeras deben garantizar el acceso a la educación y al trabajo y la segunda, un compromiso de responsabilidad y esfuerzo.