Venezolanos: Mendigar no es algo que nos guste

SEP, 23, 2018 |

Tiene 16 años y su piel luce curtida por el sol. Su pelo amarillo disimula un poco las quemaduras en su cara. Se muestra de rostro triste, de andar rápido e inocente. A sus 16 años debería estar estudiando, en casa y en su país. Pero no, está a unos 1.800 kilómetros distante de su mamá quien se quedó allá, en el estado de Aragua, Venezuela.

A ella no la ve desde mayo que empezó la travesía que incluye una parada en Colombia, hoy en Esmeraldas-Ecuador y después Perú. El flujo de venezolanos a Ecuador pasó de 5.000 a 1.200 diarios, por ingresos regulares, según se dijo en la II Mesa Nacional de Movilidad Humana.

La nueva familia del adolescente ahora son cuatro coterráneos, entre ellos la novia de uno de los adultos. Todos duermen en carpa de mochilero junto al mar donde el frío no los perdona. El hambre en ocasiones también se arropa con ellos, pese a que huyeron de él. De enero a agosto Ecuador reportó el ingreso de 641.353 venezolanos.

Sueldo de tres dólares

El chamo de 16 años, como le llama Kevin de 19, tiene la obligación, al igual que los demás, de mostrar el letrero de cartón en cada cambio de luz del semáforo, con una leyenda escrita con marcador negro y el pulso de mujer. “Somos venezolanos y porque no contamos con un empleo estable, contamos con su pequeña colaboración para que nuestras familias no pasen hambre”.

Kevin revela que siente el peso emocional de no estar junto a su hija de ocho meses, su mamá, papá y amigos. Pero al recordar que el sueldo básico en su país no supera los tres dólares mensuales, en la conversión bolívares a dólares, prefiere seguir con el grupo de ‘mendigos’, para lograr enviar unos 10 dólares semanales, para que compren la “harina, pan, kilos de arroz, litros de aceite y los pañales de mi bebé”.

“Chamo, eso de mendigar no es algo que nos guste, pero con hambre, sin trabajo y fuera de tú país ¿qué más hacemos?”, reflexiona y agrega que para ahorrar buscan lugares para cocinar y no gastar en restaurantes.

Arepas y patacón

Uno de los sitios que los acoge ocasionalmente es el restaurante ‘Rincón Venezolano’, en la playa de Las Palmas de la ciudad de Esmeraldas. Jorge Luis Borja, venezolano llegado hace cuatro años es el dueño. Con él las arepas y el patacón pisao para sus comensales

Él sabe lo que es llegar a un país ajeno, “con una mano adelante y otra atrás (sin dinero ni trabajo)”, por eso no es indiferente cuando sus ‘hermanos’ venezolanos le piden prestada su cocina. “Me imaginé que Venezuela con el tiempo iba a estar mal, pero no tanto. Da mucha pena ver gente mendigando y recibiendo humillaciones como cuando les dicen: ¡váyanse a su país!”.

De ese discrimen da fe Yamalí Blanco (28), venezolana, hija de una mujer enferma y pobre que espera con ansias cada mes los 80 dólares desde Esmeraldas-Ecuador. Yamalí aprendió a sonreír con naturalidad como si estuviese feliz, pero confiesa que no.


Lloró como niña

“¿Quién puede estar feliz lejos de toda su familia?”, se pregunta y luego confiesa que después de cinco de meses de estar de viajera (mayo de 2018) fue la primera vez que lloró como niña.

En ese mes le dijeron por teléfono que murió Mimí, su perra favorita. Justo ahí entendió con claridad que es una migrante, sin estatus de refugiada y que no puede regresar cada vez que haya una tragedia o nostalgia.

La Cancillería ecuatoriana registra 63.132 refugiados de más de 70 países: 84.34% colombianos, 4.02% venezolanos, 3.70% peruanos, cubanos 3.11%, haitianos 0.56%, pakistaníes 0.18%, dominicanos 0.17%, nigerianos 0.16% y de otros países 3.75%.

 

Alternativa

para capacitarse

Yamalí se conoce con Rosa Quiñónez, ecuatoriana y coordinadora de la Fundación de las Américas (Fudela) que llegó a Esmeraldas hace casi un año a estar cerca de los desplazados.

Desde que llegaron capacitan a los de afuera y lugareños en oficios prácticos para que no mendiguen. Hoy están 50, tres de ellos venezolanos, 22 colombianos y 25 esmeraldeños.

“Se los capacita gratuitamente en enfermería y electricidad. Estamos en la Casa de la Juventud, en Codesa”, refirió Rosa, mujer negra de sonrisa amplia, tal como la de Yamalí, pero opuesta al adolescente de 16 años de rostro triste y ‘mendigo’ ocasional en un lugar distante del suyo: Esmeraldas-Ecuador.

Voces de

venezolanos

Lo que está pasando en Venezuela le puede ocurrir a otro país. No se lo deseo a ninguno.

Son muchos los ecuatorianos que nos han tratado bien, pero también hemos sido discriminados.

Estamos en Ecuador un tiempo, pero creo que todos pensamos en regresar a nuestra Venezuela.

Dejar a mamá, esposa, hijos y amigos es algo que se extraña mucho.

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