Control serio de la salud

ENE, 17, 2019 | - Por EDGAR QUIÑONES SEVILLA

EDGAR QUIÑONES SEVILLA

18 consumidores de drogas prohibidas perdieron la vida en un incendio provocado en una casa de rehabilitación clandestina de Guayaquil, que no cumplía las condiciones mínimas para tal propósito, hecho que ha consternado a la colectividad del puerto principal  y  de todo  el país.  Se  pide  desde muchos sectores de la nación medidas correctivas inmediatas, para evitar que tragedias como la acontecida se repitan en otros lugares del territorio ecuatoriano.

El problema del consumo de drogas naturales, o de laboratorio, es un mal universal que, pese a los intentos para controlarlo, se incrementa con el paso del tiempo. Debe ser tratado con firmeza, sin importar el costo que represente para el Estado. Algunos han hecho creer que las bases militares de los Estados Unidos son suficientes para detener el mal, lo cual no concuerda con la realidad, porque la primera potencia bélica del planeta, cuenta con la mejor organización de control de su país y hasta ahora no puede impedir el ingreso de drogas a su territorio, procedente de todas partes y sus habitantes consumen el 80% de la producción  universal.

Es decir, el problema está en la aplicación de procedimientos  adecuados para evitar la creciente adicción. El libre comercio en varios países no ha dado los frutos deseados y el establecimiento de dosis para tratar el asunto como enfermedad, tampoco ha conducido al encuentro del fin deseado. La rehabilitación que se aplica en todas partes no ha logrado el éxito ansiado y mucho menos si en el ‘negocio’ entran a participar personas entusiastas pero desconocedoras de la técnica requerida para el propósito. En esta ciudad se ha informado de la existencia de algunas organizaciones clandestinas en viviendas estrechas, sin patios de recreación, ni suficientes retretes para el aseo de los ‘enfermos’, a los cuales se somete a castigos inadecuados, antes que a la rehabilitación y educación aconsejadas.

Tratar el asunto del consumo de drogas no puede entregarse a grupos de buena voluntad solamente, debe encargarse a personal capacitado, bajo la custodia del Estado, con la conducción de profesionales preparados para cumplir la delicada misión. No se  trata de reprimir solamente, sino de devolver a los caídos en esta senda equivocada, al camino de la racionalidad y comportamientos humanos. Una supervisión inmediata de las autoridades sanitarias y auxiliares de ellas a las casas de rehabilitación, para disponer el cumplimiento de las normas establecidas a favor del trato a caídos en este difícil trance, es lo que los entendidos recomiendan.

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