La medalla de la humildad

MAR, 31, 2020 | - Por EDUARDO TABAREZ RAMÍREZ

Unos dicen que está escrito en la Biblia, otros que es causa del hombre quien se extermina por sí mismo, que los culpables son los asiáticos, los médicos dicen que es un tipo de gripe con sintomatologías distintas y mucho más letal; por último, hay quienes culpan a la explotación aurífera; en fin, múltiples razones y conceptos vertidos. La única premisa que nadie dice lo contrario, es que el mundo cambió y que estamos chorreados de miedo, cuando hay miedo es claro que evitamos la muerte, salvo pocos irresponsables que en todos lados existen.

Respecto a los países denominados potencias mundiales. Donde han quedado las sofisticadas armas de guerra, donde están los misiles, las bombas, los aviones invisibles, los radares, las inmensas reservas de petróleo, oro, cobre, ¿y demás yacimientos naturales? saben que han hecho contra la declarada pandemia: Nada, así de simple, absolutamente nada, el moco invisible los venció.

Respecto a nosotros, fieles arrendatarios del planeta Tierra, somos inquilinos que, con pocas excepciones, están colmados de soberbia, donde el propósito es la competencia de quien vive mejor, quien tiene más dinero, el que mejor vestimenta exhibe, etc. Ahora, ricos, pobres, indigentes, todos, todos elevan oraciones y plegarias de ayuda, hoy hacemos gala de aparente respeto a las disposiciones de los organismos de salud, lo hacemos por miedo, mas no por convicción.

Ante lo expuesto, es claro que las diferencias de quienes dicen o creen ser más que otros no existen, un moco la distribuye sin mirar quién es quién, hoy es más útil una persona que aun arriesgando su vida nos conduce en camilla a un hospital, vale más, muchísimo más un centro de salud, mucho más que lo que hemos podido lograr materialmente en el tránsito de lo que llevamos de vida.

La profecía predictiva jamás fue tomada en cuenta, las creencias casi llegan cuando estamos en apuros, Dios para arriba, Dios para abajo, invocamos la deidad segundo a segundo, las bendiciones, buenos deseos, y las oraciones, hoy corren más rápido que la pandemia; esperemos que los parabienes ganen la reina de la carrera del atletismo (los 100m) y una vez que recibamos la medalla de la humildad, esta sí la vanagloriemos con el pecho, que la medalla de la humildad no sea producto del temor, que sea nuestra esencia como personas.

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