Toda una vida dedicada a la peluquería

FEB, 19, 2018 |

Peluqueros. Jaime y Guillermo Pepinós Navarrete, los últimos peluqueros de Pimampiro.

 

Redacción PIMAMPIRO.

En un local de las pocas casas de pared y techado de tejas, que aún pervive alrededor del parque central 24 de Mayo, Guillermo y Jaime Pepinós Navarrete atienden con esmero a sus distinguidos clientes, desde hace varias décadas.
 

Con su memoria privilegiada, su voluntad que ha crecido como los  robles y la experiencia forjada en el trabajo de peluqueros, resulta fácil entender la historia y tradición de un pueblo forjador de esperanzas, sueños y producción agropecuaria.

 

Anécdotas

No dejan de recordar a su primer hermano Nabor, quien los tomó de la mano para enseñarles, con estilo propio, a coger las tijeras, una barbera, la brocha (…) y el trato amable.
 

La casa antigua denota las marcas de su edad. Allí, en ese espacio de cinco por cinco, han suscitado encuentros con miles y miles de personas que llegan no solo por arreglarse el cabello sino para dialogar, leer el periódico y observa lo que pasa en el parque central.
 

La generación de una de las familias más importantes e influyentes, participativa, honrada y la más numerosa de Pimampiro, deja marcadas sus habilidades en estos 80 años que transcurren.
 

Jaime, mientras atiende a uno de sus clientes, recuerda que aún viven cuatro de 10 hermanos.

 

Últimos peluqueros

“Somos los últimos herederos de esta dinámica actividad. Llegará el día que debemos cerrar las puertas de nuestra peluquería, que nunca tuvo un nombre, pero que deja huellas en la historia de lo que fue la parroquia y de éstos 36 años de Pimampiro como cantón. El tiempo no perdona nada”, expresan con fervor y ese picante orgullo de pertenecer a su pueblo.
 

Recuerda con ternura a sus padres Jasé Rafael Pepinós Zuleta y Luz María Navarrete, que labraron la tierra como lo hace la mayoría de las familias.
 

Ellos no conocían las definiciones de las palabras principios y valores, pero las pusieron en práctica con sus hijos, vecinos y amigos. Nosotros somos muy agradecidos de su rigidez, los castigos, las exigencias, sus palabras firmes y también de cariño. Nos formaron para ser responsables y buenos personas.

 

Tradiciones

“La buenas costumbres eran trasmitidas directamente por su hermanos mayores Nabor y Luis”.
 

“Mi padre compró esta casita aquí en las calles Bolívar e Imbabura, centro de la entonces parroquia San Pedro de Pimampiro, donde hubo una plaza de cangagua, escenario que servía para las celebraciones del comercio, el trueque y el deporte”.
 

“Aún no se han borrado de la memoria los emotivos partidos de ecuavóley, pelota nacional y de guante. El desafío deportivo, las apuestas, las barras y la sana diversión siempre estuvieron presente”.
 

DATO
​Guillermo Alberto Pepinós Navarrete, nació el 23 de mayo de 1930, cree que con él se cerrará esta actividad de varias décadas.

Retienen todavía las imágenes de sus clientes que llegaban desde las comunidades en sus caballos de trote y algunos de paso; los aseguraban con sogas de cabuya de los árboles de guarango y mosquera. Inquietos caminaban, sosteniendo en sus manos un costal o costalillo, a comprar artículos para la semana. “Cumplida esa tarea la gente que vive en el sector rural, venían a la única peluquería a cortarse el cabello, arreglares los bigotes y la barba. Nosotros dimos siempre un buen trato y atención esmerada”.

 

“Las personas se retiraban satisfechos, agradecidos y con apariencias de haber ganado los años. Lucían mejor y más jóvenes”. Antes había respeto y gratitud con nuestra gente, estas actitudes de vida marcan una diferencia con las individualidades y egoísmo que observamos ahora desde este mismo lugar, a las mismas horas, pero a generaciones distintas.

 

Los costos de un corte

Con su carisma y sentido del humor aseguran que no es necesario ser economista para darse cuenta que el dinero de antes valía más que el de ahora. Un corte de cabello costaba seis reales, ahora cuesta un dólar. Con seis reales comprábamos, pan, plátanos, una gaseosa, caramelos y nos sobraba algunos medios. Ahora con un dólar y medio alcanza para una cola de litro.

 

Herramientas

Los cortes de cabello, en un inicio lo hacíamos a “pura tijera, por eso tengo callos en mis dedos. Suspende uno segundo su trabajo y nos indica sus hábiles dedos. Años después apareció una máquina de mano con dos patas que la manejábamos de forma manual”.
 

 Sus herramientas principales constan de  una afeitadora eléctrica, peines, barberas, tijeras, jabón, brocha, paños, toallas, los espejos redondos y una colonia con buen aroma para finalizar y despedirse del usuario con un cordial apretón de manos.
 

Según su propia descripción, los cortes más comunes son la media melena, que no es “pelado ni dejado, es regularcito”. Hacemos también el corte medio cadete o militar que piden los de 30 años, media melena o melena.

 

Sillones

Sus dos sillones blancos, adecuados para peluquería, giran 350 grado y son muy cómodos. Algunos clientes hasta se han dormido mientras los maestros arreglaban la barba. Son los únicos en el cantón. Las personas que los visitan, desde varias ciudades del norte del país y hasta de Colombia, no solo una vez han sugerido que les vendan porque se notan únicos, de buena madera y conservados.

 

La honradez

Recuerda que las  personas de antes eran muy amables, solidarias y con gran sentido de la unidad. Lo que decían se mantenía hasta el final, no hacía falta firmar documentos.
 

Guillermo toma un poco de aire para asegurar que “las generaciones de ahora, contagiadas por un mal entendido modernismo, tiene una actitud que no sirve a la hora de cumplir sus promesas. En aquellos tiempos, si alguien acordaba un trato sobre la venta de una casa a un terreno y pedía de favor que lo espere ocho días, un mes o hasta un año para hacer el pago, en ese tiempo cumplía con su palabra. Ahora, no pagan ni con la sentencia en un juicio.

 

El respeto como valor

De la juventud de hoy, sin tratar de ofender, “me da pena porque no guardan el mínimo de respeto a sus padres, a las personas mayores y a sus  amigos”.
 

Antes debíamos hacer méritos para que nos manden al Cine Humbol, de propiedad don Fermín Zuleta. Las películas mexicanas que tuvieron gran influencia desde mediados del siglo pasado, terminaban a las 21:30 y enseguida nos dirigíamos a la casa. Cuando el padre decía sí, podíamos irnos y cuando decía no teníamos que obedecer. Ahora los carajean a los padres, los tratan de tú y se van con o sin permiso.
 

Cuando de jóvenes nos quedábamos un tiempo con los amigos, teníamos unas entraditas secretas para no hacer notar a los padres. “A las 03:00 de la madruga papá levantaba y nos llevaba a trabajar en la agricultura”. Era duro, pero teníamos que cumplir.
 

Son épocas  y tiempos, antes éramos más leales con nuestras esposas, novias, amigos, vecinos. No quiero desestimar a algunos matrimonios de ahora, pero yo llevo casado más de 60 años y he sido feliz con mi esposa, gracias a Dios.

 

Tiempo escolar

Siempre nos mandaba mi madre bien peinados, limpios y aseados. Tomábamos un café con buen pan, agarrábamos la fundita de tela que servía para llevar la pizarra, el cuaderno y lápiz y, con mucha alegría, atravesábamos la plaza de tierra. (CHRW)

 

TOME NOTA

Entre nostalgias y anécdotas de los tiempos pasados, continúan con su actividad arreglando el cabello y la barba a los pimampireños.

 

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