Elecciones seccionales

MAR, 15, 2019 | - Por Ramiro Ruiz R.

POR: Ramiro Ruiz R.

Para las elecciones del próximo 24 de marzo se inscribieron una cantidad extraordinaria de candidatos. Tres veces más que las últimas seccionales del 2014. Las 200 agrupaciones políticas reflejan la imagen del facilismo y el caos demoledor de la democracia.

Un diario del país desglosó el total de 81.278 candidatos. Para 23 prefecturas, 446 aspirantes; para 221 alcaldes, 1.872; concejalías urbanas, rurales y por distritos, 25.020 postulantes, y para 823 juntas parroquiales rurales, 53.263.

Cifras récord que corresponden a ciertos factores: la facilidad el Código la Democracia para organizar partidos y movimientos y la experiencia de la participación que se aprendió en la década del 80. En los sectores locales dominan partidos y movimientos débiles y los líderes son propietarios. Esta turbulencia política, financia el Estado.

Los candidatos caminan por calles, plazas y mercados. Reparten folletos, hojas, abrazan, besan, sonríen. Un prodigio de personas. Muchos de ellos reaparecen en los escenarios de campaña y pertenecen a la ‘revolución ciudadana’, mentes destructoras de la economía y la democracia.  

Otros se dejan ver su mediocridad, improvisan el discurso porque desconocen la realidad local y sus problemas, a pesar que viven sumergidos en el barrio y la parroquia. Con cada uno de ellos se juega el destino personal y social.

Hacen ofrecimientos ajenos a las competencias de los cargos que aspiran. No se sabe si tienen idea de hacer lo que ofrecen o asuman iniciativas para financiar una obra. La campaña es una inmensa tienda de ofrecimientos imposibles.

Las elecciones de autoridades nacionales y seccionales influyen en la cultura política. La gestión populista intenta perpetuar el control social y administrativo. La revolución ciudadana implantó un modelo de gestión que hasta ahora permanece en los cerebros de muchos votantes. De manera natural miran la descomunal deuda externa, la corrupción y administración ineficaz, el tráfico de influencias, la violencia, y otras formas de atraso, como parte de la cotidianidad del país.  

Los futuros designados, a lo mejor, trabajen con el modelo populista apoyándose en la liquidación de la reflexión, el análisis y la lógica, es decir, en la supresión de la inteligencia.

Cada uno de estas realidades corresponde a un modelo de gestión populista: municipios obesos y facilitadores de la corrupción, no frecen ninguna seguridad jurídica, no existen procedimientos técnicos. Así trabajan con un modelo ineficiente y fracasado.

La contraparte del populismo es el modelo de la técnica y eficacia, donde los funcionarios trabajan con méritos y perfiles técnicos y personales de calidad. Ejecutando programas institucionalizados de largo alcance. Este modelo defiende la libertad, la vocación de servicio y el perfeccionamiento administrativo.

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