Interacción colectiva

JUN, 27, 2019 | 00:10 - Por Rodrigo Contero Peñafiel

Rodrigo Contero Peñafiel

Hay personas que dicen: “No importa lo que otros piensen de mí”. Lo dicen en voz alta para que los escuchen y se enteren que “yo soy así”. Lo que una persona opine de otra es algo que nos tiene sin cuidado cuando se respetan las reglas del convivir ciudadano y la vida de cada persona. 

Quienes desprecian las normas sociales siempre terminarán formando grupos aparte para llamar la atención del resto de ciudadanos, llámense cabezas rapadas, góticos, emos y más individuos que se sienten discriminados, excluidos o explotados e incluso perseguidos políticos. Los problemas emocionales impiden a muchas personas relacionarse con el diálogo, la convivencia en sociedad y el pensamiento razonado.

Buscarse una identidad grupal para formar agrupaciones sociales o políticas puede ser el pretexto para introducir el irrespeto a la Ley. Pretenden “crear presencia” llamando la atención de autoridades, fuerzas del orden, defensores de los Derechos Humanos y más organismos nacionales e internacionales para que admiren su manera de pensar sintiéndose ofendidos, perjudicados o lesionados en sus derechos. Sin embargo, ellos no piensan ni respetan los derechos de los demás ni cumplen con la Ley. 

Cuando alguien toma la palabra está claro que pretende entregar un mensaje, intenta conocer la manera de pensar de otra persona o cree ser capaz de provocar una reacción positiva o negativa con su recado. Si todos o algunos reaccionan positiva o negativamente y esa persona tiene intereses personales antes que colectivos, pensará que es superior a quienes le escuchan a no ser que alguien más inteligente le haga ver lo contrario. 

La relación con otras personas estimula el funcionamiento del cerebro. Mucho de nuestro ‘Yo’ o de nuestro ‘ser’: autoestima, ego, motivaciones, aspiraciones, éxitos o fracasos tienen relación con lo que otros individuos piensan de nosotros y de cómo nos comportamos en nuestra vida. El cerebro de cada persona controla su propio desarrollo, de ahí que una parte de este sea dedicada a la interacción colectiva. Los genes y las cosas que nos ocurren influyen en cómo terminamos siendo como seres humanos.


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