Quería la unión familiar

JUN, 12, 2019 |

Un hombre simple, sencillo y transparente. Así era el padre Alberto Bastidas, quien desde en agosto de 2015 tomó las riendas de la iglesia San José, en Quevedo, en reemplazo del padre Óscar Barragán.

Él era oriundo del cantón Babahoyo, en la provincia de Los Ríos, y actualmente tenía 29 años en el servicio pastoral. Estuvo en las parroquias: Pedro Carbo, Daule, El Empalme y El Fortín (Guayaquil).

La mañana de ayer se conoció sobre su fallecimiento e inmediatamente la Diócesis posteó un mensaje en su cuenta de Facebook con el que confirmaba su deceso: “Hoy, a las 06:40, entregó su alma al Creador, estamos a la espera de dar a conocer su lugar de velación, día y hora de su sepelio. Dale el descanso eterno, oh Señor, y que la luz perpetua brille sobre él…”.

Bastidas, a pocos días de su llegada a Quevedo, le concedió una entrevista exclusiva a Diario La Hora y hoy la recordamos:


¿Cómo fue su infancia y juventud?

Cuando era niño por razones de trabajo mi padre tuvo que migrar a la provincia del Guayas. Específicamente entre la zona de Salitre y Daule desarrolló su trabajo. Él era un hombre que le gustaba administrar fincas y haciendas.

Mis primeros estudios los hice en el cantón Salitre, después en el colegio nocturno Huancavilca de Guayaquil. Luego los estudios universitarios en el Seminario San José de Quito y los estudios para la vida intelectual como sacerdote en la Universidad Católica de Quito.


¿Cómo empezó su servicio?

Soy párroco desde hace 25 años (actualmente tenía 29), cuando fui ordenado por el obispo de la Arquidiócesis de Guayaquil. El desarrollo pastoral lo he tenido en varias parroquias de cantones de la provincia del Guayas. Primero fue en Pedro Carbo, donde estuve tres años.

Después estuve en Daule siete años. Luego once años en El Empalme, cantón vecino de Quevedo, y tres años y medio en Guayaquil en la cooperativa de vivienda El Fortín, en la vía perimetral, en la zona de Monte Sinaí.


¿Siempre tuvo la convicción de que iba a ser sacerdote?

Esa es una larga historia, pero no la haré muy extensa. Lo puedo resumir en pocas cosas. Como niño empezaron mis primeras intuiciones por esta vida, quizá por la formación que me dio mi familia, que es muy cristiana. Siempre nos inculcaron el amor al Sagrado Corazón de Jesús, desde muy pequeñas.

Hice mi primera Comunión y Confirmación a los 15 años de edad, y del párroco de Salitre, el padre José, me llamó mucho la atención su espíritu de servicio a la comunidad, siendo misionero, vino como una persona tremendamente servidora. Su profundidad espiritual era impactante.

En ese entonces yo estudiaba en el colegio por la noche y laboraba en el día. Después de mi primera comunión y confirmación me hizo una gran pregunta el sacerdote. Él preguntó una vez que quiénes de los que habíamos hecho la primera comunión quería profundizar el estudio de la Biblia para ser catequista. Me ofrecí y empezó esta obra.


¿Cómo se da su llegada a Quevedo?

Pertenezco a la Arquidiócesis de Guayaquil y mi obispo me da permiso por un tiempo. Si es limitado, solo Dios lo sabe.

Esto me permite poder colaborar acá en Los Ríos, ahora que el padre Óscar Barragán tiene que salir por estudios, el obispo me pidió que asuma la tarea pastoral de esta comunidad.

Aquí estoy porque el obispo ha pedido que venga a este lugar para servir a esta comunidad.


¿Cómo lo han acogido aquí?

En los pocos días que llevo acá he descubierto tres cosas: la calidez increíble del pueblo, una sed de servicio de parte de los grupos pastorales o movimientos catequistas, y la última es que el ámbito de trabajo es un desafío porque Quevedo es grande.


¿Sus metas cuáles son?

Una de ellas es apuntar mucho a las familias, como nos pide el Papa Francisco. Fortalecer la vida de la familia, la fe, oración y sacramentos.  Creo que con todo ese gesto de colaboradores que hay se podrá lograr mucho.

Mi meta en este primer año es entrar con los grupos, sobre todo en la parte formativa, acompañarles y fortalecer lo que el padre Óscar ha hecho a lo largo de todos estos años. Hay que fortalecer la formación de la espiritualidad comunitaria en los grupos y acompañarlos para que ellos puedan hacer más en su fe y puedan continuar en el  trabajo.

¿Qué lo caracteriza?

La capacidad de poder escuchar mucho a las personas y sobre todo la simplicidad y la sencillez con la que tengo que hacer cada día las cosas. Es lo que el buen pastor Jesús nos enseña, ser mansos y humildes.

Esa mansedumbre se debe reflejar en la forma de tratar a las personas, en el cariño que le pone a cada detalle, que tiene que reflejarse en cada acción.


¿Cómo se define el padre Alberto?

Como una persona simple, sencilla y transparente.
 

¿Algún mensaje a la comunidad?

Siempre en familia hagamos una oración de la paz. Sobre todo en sus momentos de tribulaciones, de alegría, de dudas e incertidumbre, de sufrimiento, sepan repetir esta oración que la decimos en la iglesia, que la armonía, el respeto, la justicia, la libertad esté en los hogares. (JVV-MZA)

Dolor en los cristianos

Para la comunidad católica del cantón Quevedo la muerte del padre Bastidas, quien a decir de sus conocidos padecía de una enfermedad que lo mantuvo afligido durante algún tiempo, significa un gran dolor.

De acuerdo con la Diocesis de Babahoyo, el párroco estuvo delicado de salud, con una fuerte infección desde mayo, por lo que el Monseñor Skiper Yánez estuvo pendiente y cercano a su salud.

La devota Lupe Álvarez, explicó que se enteró de la noticia a través de las noticias de un canal local. “Enseguida se me salieron las lágrimas. El padre era un gran espiritual”. Mientras que Juan Carlos Andrade dijo sentirse consternado.

Al momento se espera que el cuerpo del párroco sea llevado hasta Quevedo para velarlo y rendirle un homenaje de parte de los grupos religiosos y la comunidad cristiana. Ayer el féretro permanecía en Guayaquil, donde había estado internado.

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