Basta con dejar hacer

JUL, 17, 2019 | 00:15 - Por DANIEL MARQUEZ SOAREZ

Daniel Márquez Soares

En estos tiempos en que ser optimista se ha puesto de moda entre intelectuales y científicos, hay un hecho que los profetas del progreso insisten en recordarnos. Lo que mejor puede predecir la mejoría de un país no su gobierno, su política, ni su cultura, sino la mejoría en el resto de países. Nada funciona mejor al momento de traer prosperidad y bienestar que contar con un montón de vecinos y socios comerciales que avanzan sin parar. 

Esto conlleva un par de corolarios que siempre es bueno recordar. El primero es que el progreso, durante la mayor parte de la historia, es algo que viene de afuera. Son poquísimos los países cuyas innovaciones traen prosperidad al mundo y diseñan el sistema del futuro. Si uno examina los casos recientes de desarrollo, encontrará que la llegada de capital y de innovación externa, muchas veces por motivos políticos, fue el factor determinante. Asimismo, un repaso minucioso de los principales ejemplos de fracaso en la persecución del desarrollo revelará que muchas veces estos países fueron alumnos ejemplares y fieles seguidores en diferentes momentos de las doctrinas imperantes. Sin embargo, la respuesta del mundo nunca llegó. 

Es duro y descorazonador aceptar que cosas importantes no dependen de uno, sobre todo ahora que se ha vuelto normal culpar exclusivamente a las personas y a los pueblos por sus propios fracasos.  No obstante, esta aceptación también viene acompañada de un mensaje de alivio y regocijo: si el mundo atraviesa una buena época, hace falta mucho, muchísimo esfuerzo para evitar que el progreso también contagie a la propia tierra. En esos casos, basta con no meterse para prosperar. Países como Haití, Cuba, Bielorrusia o Corea del Norte han requerido no apenas una mala decisión accidental, sino cientos de procederes deliberados para mantenerse al margen del progreso.  

Ecuador es un país cuyo avance siempre ha venido, por definición, desde afuera. Ahora, que atravesamos la época de mayor prosperidad de la historia de nuestra especie, esta dinámica se agudizará. Bastará con dejar que las ideas, los productos y los capitales fluyan para avanzar. 


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