Hay que decirlo

OCT, 18, 2019 | 00:05 - Por EDUARDO F NARANJO C

Eduardo F. Naranjo C.

Los últimos acontecimientos visualizaron la sociedad que somos, todos opinaron y con la red incendiaron el ambiente, una euforia de racismo, clasismo y destrozos. Somos una nación inexistente, los únicos ciertos son los pueblos originarios, que no borraron el recuerdo amargo de 500 años de conquista y subyugación, expandida a través de un permanente mestizaje, colonizadores multiplicándose en mujeres nativas, reiniciándose en mayor o menor porcentaje en la sociedad, excluyéndose minorías de aventureros europeos   llegados entre los siglos 17 y 20, también con ADN cruzado por las invasiones al viejo continente.

Atavismo heredado de supremacía blanca, afloró en este combate de pueblos ancestrales que finalmente mostraron su músculo, al que se sumaron oportunistas, desempleados y malandrines.

La investigación histórica conoce que los nativos que no aceptaron someterse, remontaron al páramo y  a los riscos andinos, ahí han vivido de subsistencia y están en todas partes por eso aparecieron en todo lado, mostrando un potencial no visto antes, usando su técnica en el uso de la piedra como proyectil, que la emplearon en las guerras imperiales y a pesar de la crítica, fue esa gente, hombres y mujeres que hicieron cambiar una decisión equivoca a un Gobierno endeble y títere, solo proyectado en una propaganda manipuladora y con los poderes facticos sosteniéndole a como da lugar.

El 99 por ciento de “ecuatorianos” somos mestizos en diferente grado, a la vez poco apreciados por los nativos “puros”, si hay tez blanca no asegura pureza de genotipo, por ello la discriminación étnica es una sensación vacua. Si no entendemos la convivencia con los herederos del viejo imperio y todas esas culturas diferentes, jamás habrá posibilidad de construir un todo sólido que ofrezca futuro.


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