Martínez y el BID

OCT, 13, 2020 | - Por Giuseppe Cabrera

En un evento reciente, el presidente Lenín Moreno sentaba a su izquierda a Richard Martínez y a su derecha a Mauricio Pozo. Era la imagen que marcaba la salida de uno de los ministros más fuertes y con mayor confianza de Moreno, y la entrada de un viejo tecnócrata relacionado a la gestión pública y privada, Pozo repetía el cargo que ya había ejercido antes durante el gobierno de Lucio Gutiérrez.

El cambio se da en el marco de la renuncia de Martínez por un eventual cargo como Vicepresidente que le han ofrecido en la nueva administración del BID y, hay por lo menos tres cosas que hacen ilegal y antiético que Martínez acepte el cargo.

Primero, el art. 153 de la Constitución lo prohíbe expresamente, para todo funcionario de alto rango durante dos años ejercer un cargo en una entidad financiera multilateral; Estado de Derecho exige el respeto de un artículo, que ni siquiera se presta para interpretaciones, que es claro y determinante.

El segundo, son las llamadas puertas giratorias, que en Europa están siendo fuertemente cuestionadas y se han ido emitiendo leyes para regular esta actividad, bastante gris y poco ética y es, el ocupar un cargo en el directorio de una empresa privada que mantiene negocios con el Estado o, una multilateral, de la cual el gobierno podría acceder a líneas de crédito, porque esto podría significar que se haya usado información privilegiada, para durante su gestión haber beneficiado con contratos o préstamos onerosos a algún proveedor o acreedor del gobierno. Esto no es nuevo en Ecuador, después de que Ana Lucía Armijos quebró el país y nos llevó al feriado bancario de 1999 como ministra de Economía y presidenta de la Junta Monetaria, fue premiada por su labor en beneficio de intereses internacionales y recibió un alto cargo en el Fondo Monetario Internacional, además, de asilo político en EE.UU.

La tercera y última razón es porque la Unión Europea, pidió posponer la elección del presidente del BID, por ser una larga tradición que sea un latinoamericano quien lo preside y, no un enviado por Trump, por lo que para Josep Borrell, Canciller de la UE, significa una nueva estrategia de EE.UU. para ejercer dominio y control sobre su patio trasero, Latinoamérica.

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