Lucha desigual

NOV, 10, 2010 | - Por Katherine Andrade Gallardo

Se nota claramente que el escenario público es desigual. Los medios favorecen al Mandatario y no precisamente por voluntad de ellos, sino por capricho de él. Mientras el Mandatario tiene a su haber abiertas las puertas, día y noche, jornadas enteras de minutos y horas interminables, para decir todo tipo de barbaridades y exageraciones. Quienes son acusados, en cambio, tienen segundos contados en uno u otro medio, para apelar a una escuálida defensa.

Una acusación, una denuncia, una calumnia o cualquier otro atropello, se compara con lanzar harina con un ventilador. ¿Quién la puede recuperar? Así se han transformado las famosas cadenas sabatinas del presidente Rafael Correa, quien no para de proferir ofensas a todo aquel que se atreva a asegurar que en el 30-S no hubo intento de secuestro o de desestabilizar la democracia.

¿Qué hubiese pasado si aquel día no atropellaba la libertad de información y dejaba a los medios para que informen los hechos protagonizados por la Policía? ¿Se hubiese sabido otra verdad? De seguro que las cadenas sabatinas y las acostumbradas cadenas de radio y televisión que con mucha frecuencia realiza servirían para seguir acusando a los medios y sus periodistas.

Hace poco tiempo, en la anterior campaña electoral, el presidente Correa prohibió a los candidatos a cualquier dignidad de elección popular, que trabajen en medios de comunicación, aparezcan en ellos ejerciendo su profesión. Claro, él sí podía utilizar los medios a su antojo.

Es que desde el principio de su mandato ha desatado una lucha desigual. Considera que el poder que le dio el pueblo a través del voto lo transforma en un omnipotente y allí está totalmente equivocado. La igualdad que pregona la pisotea a cada paso. Se nota claramente que quiere agrandar la brecha con los que él supone son sus enemigos: quienes no coinciden con su pensamiento, quienes desean una libertad de empresa, quienes le dicen la verdad en la cara, quienes intentan mantener su liderazgo sin su consentimiento, etc.

Las exageraciones en su vocabulario lo muestran como un vulgar ciudadano, inestable sentimental y un ser que guarda un profundo resentimiento.

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]