Sucumbíos sin Monseñor López

FEB, 13, 2011 | - Por Ugo Stornaiolo

“Para librarte de ti mismo, lanza un puente más allá del abismo de la soledad  que tu egoísmo ha creado...”, dijo Hélder Cámara, obispo brasileño y teólogo de la liberación, llamado “el hermano de los pobres”, quien hiciera una prodigiosa labor en beneficio de los que menos tienen y anunciara un auténtico evangelio cristiano apegado a la sencillez y a los demás hasta el día de su muerte con ochenta años encima.

De igual manera, Gonzalo López Marañón, obispo de Sucumbíos y también seguidor de la Teología de la Liberación, con cuarenta años de trabajo en pro de los desposeídos del Oriente ecuatoriano, el pasado octubre fue removido de su cargo episcopal por una de decisión del Vaticano, porque su labor no era del beneplácito de la Iglesia católica y se le daban siete días para que abandone su puesto y el país.

Como Cámara y López Marañón,  hay decenas de curas que lucharon y trabajan por los pobres: el padre Carolo en el sur de Quito, las misioneras de la niñez, desde su verde Esmeraldas por los niños huérfanos y abandonados, y otros que han entregado su vida por los demás.

Pero la Iglesia tiene otra cara manifiesta en grupos y personas que identifican su accionar con el poder y la más recalcitrante derecha política del mundo. Tal es el caso de los denominados “caballeros de la Virgen”, brazo de aquella agrupación llamada “Familia, Tradición y Propiedad”, cuya vestimenta habla a las claras de un retroceso al Medioevo.

Siete días para que un hombre bueno y trabajador abandone la que fue su tierra por cuarenta años. El nombramiento de un sucesor perteneciente a los “Heraldos de la Virgen”, hasta nos hacen desconfiar  de las verdaderas intenciones de los más altos dirigentes de la Iglesia o de su desconocimiento de la realidad.

Ojalá la conciencia social y la lucha por los necesitados inunde las mentes de quienes usan el aparato espiritual para emular al mismo Cristo, como ejemplo de sencillez  interna y externa. Ojalá sus labores vayan más allá del ejercicio de los sacramentos y se comprometan con la verdad, la justicia y la equidad por sobre todo.

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