A mis 50

NOV, 01, 2011 | - Por Katherine Andrade Gallardo

Me siento bien. He cumplido muchas metas en mi vida. Ser estudiante, obtener una carrera, contar con una esposa y una familia, tener un trabajo digno y entretenido, cultivar amistades, conozco mi tierra natal y de lucha, estoy haciendo empresa y generando trabajo.

Se dice que un hombre puede sentirse realizado cuando cumple tres acciones: plantar un árbol, crear un hijo y escribir un libro. En mi vida no he plantado un árbol, pero a través de mis comentarios y reportajes de prensa, radio y televisión, he motivado la conservación y respeto. Antes los arrancaba inconscientemente, ahora miro hasta los más minúsculos insectos.

En mis 50 años he constituido una familia de 4 hijos y 6 nietos. Con mi esposa y gracias al programa Nuevas Familias de FASCA, acogimos a unos 12 niños en riesgo social. Los sentimos nuestros.

Tampoco he escrito un libro, pero desde 1985, cuando la Sra. Lucila Ramos me abrió las puertas de diario La Prensa, he escrito cientos de notas informativas y de opinión. Desde agosto de 1998 tengo la oportunidad de que esas notas sean difundidas en televisión. He realizado investigaciones periodísticas que me han llevado días y semanas.

Me siento lleno de vida y le doy gracias a Dios por aquello. He sentido como todo ser humano y hombre trabajador, los momentos de necesidad. He sentido la angustia y el desengaño. He tenido momentos felices e infelices. Sé lo que es el pecado y he pedido perdón como también he perdonado.

Por mi mente han pasado ideas negativas, pero también Dios me ha iluminado para hacer cosas buenas, por mi familia y por mi pueblo. He caminado por todo tipo de terreno, he dormido en el piso y en las mejores camas, he dado la mano a A personas, de diferente condición social, política, étnica o religiosa.

Tengo el gusto de haber pisado territorios de las 24 provincias ecuatorianas. He llorado y he reído. He sido humillado pero también he recibido honores. He sentido la dura y profunda tristeza por la partida de seres queridos y también he sentido la dicha de ver nacer nuevas vidas en mi familia. Honestamente creo que tengo defectos y virtudes.

Creo que Dios me ha dado lo que necesito para vivir. Así me convenzo que Dios da la carga que cada quien puede soportar y entrega la tarea que cada quien la puede cumplir.

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