Unos contra otros...

MAR, 11, 2012 | - Por Ugo Stornaiolo

Para el pasado jueves 8 la oposición convocó a los ciudadanos, a nombre de la defensa de la libertad y la democracia, a caminar por las calles de la capital hasta el Palacio de Gobierno,  coreando sus criterios y reclamos. El Gobierno, antes de la fecha, les calificó de desestabilizadores y preparó con ‘bombos y platillos’ una contramarcha. Trajo a ciudadanos de diferentes lugares de la Patria y les apostó en el sector de El Ejido.

Las calles cercanas al Parque El Arbolito estaban atestadas de gente y buses, de ventas ambulantes y de basura. Muchas personas habían pernoctado ahí, atendiendo al llamado del mandatario a una “vigilia ciudadana”, más bien en una suerte de “ejército a la espera de la batalla”.

Las ministras y sus colaboradores, aprovechando el ‘Día de la Mujer’, suspendieron sus actividades y comandaban la contramarcha. Todo el aparato estatal se movilizó, a la vieja usanza de los regímenes que, apoyados en el poder, utilizan a personas y recursos,  a fin de granjearse “glorias” y “demostraciones” de respaldo.

Se supo de la salida de Zamora de una movilización que aspira a llegar a la capital el 22 de este mes y que pretende ir recogiendo a más ciudadanos. El Presidente convocó a sus ‘contramarchantes’ a la resistencia y ha emprendido en una campaña publicitaria para debilitar el derecho a protestar de los que vienen.

Dividir a los indígenas, a los campesinos y a los gremios organizados, movilizar a la gente hacia Quito y gastar buenas sumas del dinero estatal en la publicidad en contra de la oposición parecen signos de temor del Régimen, que se ha jactado de ser pluralista. Si así fuera se ahorraría dinero para causas más apremiantes, se escucharía a los que no piensan como él y, sobre todo, no se pondría en riesgo la vida de los seguidores de uno y otro bando.

De sabios es  escuchar y ser tolerantes con el criterio ajeno, con la oposición respetuosa y las movilizaciones pacíficas. No es responsable  propiciar enfrentamientos y divisiones entre compatriotas, porque las consecuencias son fatales e imperdonables.

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