Un hombre llamado ciudad

MAY, 17, 2013 |

Resulta conmovedor de momento pensar la ciudad de hace 50 años y la misma en unos 30, esa ciudad en el intento de expansión y proyección permanente habita en la nostalgia, la memoria, el anhelo, las ambiciones y los sueños individuales; todos soñamos permanentemente la ciudad.

Las generaciones actuales privilegian el momento de regia actividad urbanística y reclaman su funcionalidad, las otras en su minoría perviven anhelantes en la figura pública del cinco veces Alcalde de Latacunga, Don Rafael Cajiao Enríquez, burgomaestre quien priorizaría la obra pública en proyecciones de planes para el desarrollo urbano en urgencia a obras de primera clase como: el agua potable, el alcantarillado, la vialidad y la energía eléctrica.

Toda ciudad debe preveer su visión de futuro, la dinámica dialéctica obliga a atender el fenómeno de lo urbanístico y su empoderamiento, es decir la apropiación del espacio público y la convivencia; la obra pública subsume a descentralizar e incluir a todos quienes habitan la ciudad en normativas de convivencia que protagonicen participación, inclusión y tolerancia.

Para hablar de Latacunga en el 2030 debe proyectarse la construcción de escenarios posibles, que motivados por la acción humana arrojen como resultado el encogimiento, tanto del impacto sobre el medio como de la extensión que la ciudad tendrá sobre el territorio, la movilidad en su integralidad, la ciudad y su identidad, su vigencia de ser patrimonial.

Plantear el encogimiento como una idea que permite conocer y reconocer el territorio y que nos ayuda a reflexionar sobre la proxémica de los cuerpos, el límite de las interacciones, la densificación o el crecimiento poblacional. Encoger sugiere un clímax adecuado para que las relaciones urbanas encuentren su potencial, exploren sus alcances y posibilidades, una intromisión para conocernos.

Latacunga debe asumir que la redensificación, la redistribución y la redefinición serán estrategias continuamente aplicadas sobre las infraestructuras, las tecnologías, el conocimiento y el territorio por los habitantes de la ciudad con el fin de evitar el colapso; la ciudad de hoy está hábil para considerar su anhelo de soñarse en un futuro mediato. Este apunte convoca a la reflexión y al debate sobre la ciudad que heredaran nuestras generaciones venideras.

litorengifo@gmail.com / @cronopiolito

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