Replanteando a la literatura

JUN, 16, 2013 |

ESCRITOR. Presentó ‘Memorias de Andrés Chiliquinga’ (Alfaguara, Serie Roja), su reciente novela.

 

'Espero establecer un diálogo entre obras”.





REDACCIÓN ARTES

 

El joven Andrés Chiliquinga, músico otavaleño y dirigente indígena, viaja a EE.UU. por estudios. Allí encontrará sus orígenes al leer la obra de Jorge Icaza, ‘Huasipungo’. ¿Quién le ayuda a comprender mejor la obra? Pues su homónimo, el héroe de la novela se le presenta y despeja sus dudas.


Este viaje entre la realidad, la ficción y lo onírico es la propuesta de Carlos Arcos Cabrera, en su reciente novela ‘Memorias de Andrés Chiliquinga’ (Alfaguara, Serie Roja).


El escritor ecuatoriano conversó con revista Artes sobre esta publicación, donde expuso sus perspectivas y reflexiones.



Icaza, desde su mestizaje, plantea el tema indígena, ¿qué plantea Ud.?
Dejo hablar al Andrés Chiliquinga que todos llevamos en el alma. En el fondo, todos tenemos algo de indígena. Andrés Chiliquinga está en nuestro lenguaje, en nuestra conducta y en nuestros sentimientos. Sólo dejo que estas cosas se expresen. En el lanzamiento del libro dije que “todos tenemos algo de Andrés Chiliquinga”, y es cierto; lo andino lo llevamos muy adentro.



¿Qué sensación se llevó la primera vez que leyó ‘Huasipungo’?
Lo leí cuando tenía unos 16 años, en mis clases de Literatura en el Colegio Mejía… Es una obra que impacta, de un peso impresionante. Además, esas realidades estaban muy palpables por entonces. También, simultáneamente, leí ‘Entre la ira y la esperanza’, de Agustín Cueva, quien daba una visión de la lucidez de Icaza, a quien consideraba como el punto cero de la literatura ecuatoriana. Ahora, después de tantos años, pienso que esa idea fue cambiando.



Ahora, ¿cuál es la sensación que le genera?
Tengo una visión más distante y desencantada. Leer a Icaza después de los 90’, donde el Movimiento Indígena cobra protagonismo, te invita a reflexionar de manera distinta varios aspectos, como el tema del lenguaje. Puedes encontrarte hasta con un Icaza contradictorio ante los avatares del mundo quichua.

 


¿Una idea muy crítica?
Sí, con los años uno desarrolla una crítica más dura, pero no todo es malo. Andrés Chiliquinga (joven) reconoce la contribución de Icaza al descubrir y exponer un mundo lleno de violencia. Lo que sucede es que también se evidencia la incomprensión del mundo mestizo sobre el mundo indígena.

 


Para llegar a la comprensión, Andrés Chiliquinga explora la realidad desde parámetros ficcionales: leer una novela y sus encuentros oníricos con su antecesor. ¿La ficción brinda más respuestas que la realidad?
No hay que olvidarse del gran poder de la ficción. Pero, pienso que la ficción no nos lleva a dar respuestas, por el contrario, nos ayuda a hacer preguntas. Los cientistas sociales tratan de encontrar explicaciones, pero no se formulan preguntas. Ahora, sin duda, hay que confiar del poder de la ficción, pues también ayuda a abrir fronteras.



Lo importante es que entre preguntas y respuestas se genera un diálogo…

Eso sí es lo que busco. Espero establecer un diálogo entre obras. Estamos tan alejados de la literatura andina, de nuestra literatura en general. El diálogo, sin duda, siempre es el reto. La idea es que las obras puedan comunicarse entre ellas, al igual que con el lector.

 

El diálogo siempre involucra una contraposición de ideas y, en la actualidad, como que éstas se oponen con mayor fuerza. Ante esta situación, ¿cuál es el papel del escritor hoy en día?
Esta discusión se la tiene desde que Sartre, en ‘¿Qué es la literatura?’, habló del ‘escritor comprometido’. Muchas veces, el compromiso, lastimosamente, vence a la escritura. Pienso que el principal compromiso del escritor es con su producción.



¿Un militante de la palabra?
Si algo hemos aprendido, dolorosamente, es que los procesos tienen su propia lógica y, muchas veces, esta lógica es muy perversa y se vincula a los avatares de la política y a la toma de posiciones coyunturales, donde la palabra queda descolgada. Ahora, como individuo, uno tiene un compromiso ético de lo que pasa en el mundo.



¿También está el compromiso de replantear a la literatura?

Sobre todo en una literatura como la nuestra, que a ratos trata de olvidar sus raíces y busca ignorarlas. Nos guste o no, ‘Huasipungo’ es nuestra obra de mayor universalidad. La tarea está en entrar en su propio terreno para abordarla.



¿Se puede entender al joven Chiliquinga como un Ulises que emprende un viaje hacia sus orígenes?
Exactamente. Es un Ulises andino que viaja por toda Europa y que llega a EE.UU. Todo el tiempo está sintiendo la presión de un mundo que le ha rechazado, pero lo enfrenta. Él realiza un viaje a Nueva York y, allí, hace un viaje simbólico a su interior. Sí, hay una suerte de Odisea al momento de encontrarse con varias situaciones conflictivas. Me gusta esa idea de que es un Ulises en busca de sus raíces.



¿Un libro puede romper los ‘huasipungos mentales’?

A veces le pedimos todo a la literatura y, para empezar, la literatura primero implica un acto voluntario: el que uno se acerque a un libro. Por supuesto que hay ‘huasipungos mentales’, y son los peores; pero es muy difícil pensar que un libro o la literatura puedan romper estos huasipungos, porque se necesita la intervención de muchos otros elementos.

 



Perfil


Escritor ecuatoriano (Quito, 1951). Es autor de tres novelas claves de la literatura ecuatoriana contemporánea: ‘Un asunto de familia’ (1997), ‘Vientos de agosto’ (2003) y ‘El invitado’ (2007), con las dos últimas obras ganó el Premio Joaquín Gallegos Lara.

 



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