El autoexilio de Leonardo Páez

FEB, 28, 2016 |

El autoexilio de Leonardo Páez

 

 

Susana Freire García

 

La noche del 12 de febrero de 1949, marcó sin duda un antes y un después en la vida de Leonardo Páez (Quito, 1912- Mérida, 1991).


Este quiteño fue dueño de una prolífica sensibilidad artística (entre sus facetas estaban la de compositor musical, cantante, actor, guionista, escritor y poeta), que ansiosa por explorar nuevas cosas, terminó siendo castigada por su propia genialidad.


Precisamente en ese año, Páez se desempeñaba como director artístico de Radio Quito y junto a sus colegas de trabajo, el locutor Raúl López y el guionista chileno Eduardo Alcaráz, puso en marcha un proyecto creativo, que utilizó como telón de fondo un programa de la canción criolla que se transmitía por dicha emisora desde las 21:00, aquel especial febrero de 1949.


Fue así que el Dúo Benítez y Valencia comenzó a interpretar el pasillo ‘Para mí tu recuerdo’. De repente, los cantantes fueron interrumpidos por el locutor López, quien con voz trémula informó que la ciudad estaba siendo invadida por los marcianos.


“Estimados radioescuchas, la civilización está herida de muerte. Es el hombre en su tragedia. Es la especie frente a la desaparición. ¡Por irremediable señores, aceptemos lo irremediable!”, pronunció López, mientras los radioescuchas no sabían si dar o no crédito a lo que escuchaban.


Al paso de los minutos la situación se puso más tensa, ya que a los boletines de prensa se unieron las voces de autoridades civiles como las del Ministro de Defensa, que declaró que los militares estaban listos para defender a la patria, o la del propio Jefe de Noticias de Radio Quito, confirmando lo anunciado por el locutor.


Dada la credibilidad de la que gozaba la emisora, los quiteños empezaron a ser presos del pánico. Según testimonios de la época, los habitantes salieron a las calles y, en medio del atufamiento, trataron a toda cosa de salvaguardar sus vidas ante la inminencia de la muerte, llevando consigo unas pocas pertenencias hacia algún sitio seguro.


El punto culmen llegó cuando el reportero Leonardo Páez, quien cubría la invasión marciana desde el sector de Cotocollao, fue repentinamente atacado por los extraterrestres hasta morir en el acto fulminado por una especie de rayo.


Tras anunciarse en vivo la muerte de Páez, la histeria colectiva se desató. Asustados por el rumbo que tomaron las cosas, los autores de esta noticia confesaron a la audiencia que todo se trataba, de una adaptación teatralizada de la obra de ciencia ficción ‘La Guerra de los Mundos’, del escritor inglés H. G. Wells.


Al escuchar esto, un considerable número de personas se concentró en los alrededores del edificio de diario El Comercio, ubicado en las calles Chile y Benalcázar (Centro Histórico de Quito), en cuyo tercer piso funcionaba Radio Quito, a fin de capturar a los responsables.


Entre la furia y la incertidumbre prendieron fuego al edificio, mientras quienes se encontraban en su interior (entre ellos Páez y sus colegas) tuvieron que escapar por el techo para salvar sus vidas.


Al final el inmueble quedó destruido, sin descontar las víctimas fatales del hecho (entre 5 y 8 aproximadamente). Radio Quito por su parte, suspendió sus actividades durante dos años.


‘Los que siembran el viento’


Leonardo Páez fue sin duda la cabeza más visible de los sucesos del 12 de febrero de 1949. Gracias a unos amigos permaneció oculto y lejos de Quito; sin embargo, su abogado, el Dr. Juan Isaac Lovato, le sugirió que se presentara voluntariamente ante las autoridades judiciales para resolver su situación legal.


El implicado confesó ante el juez que el hecho fue “artísticamente imprudente” tomando como antecedente que 11 años atrás, el cineasta norteamericano Orson Wells había hecho algo similar en New York.


Al final, Páez fue absuelto, mas eso no logró que se sintiese eximido por la sociedad quiteña. Las oportunidades laborables fueron escasas para él, a excepción de cierto trabajo temporal que consiguió en la emisora La Voz de la Democracia de propiedad de don Aziz Noé Mucarzel.


Agobiado por su situación, un golpe de suerte proporcionado por un premio obtenido gracias a una obra de teatro, le brindó los medios necesarios para autoexiliarse en Venezuela junto a su familia. Fue en este país, donde años después escribió y publicó su libro ‘Los que siembran el viento’ (1982), donde relató cómo sucedieron los hechos y reprodujo parte del guion que fue leído esa noche (el original se destruyó en el incendio).


En esta obra, sin duda, persiste de principio a fin un dejo de melancolía, ya que Páez extrañó hasta el final de su días “a la ciudad querida”, tal como se describe en esta frase: “La ciudad se va con él en una miniatura que en una noche de tragos, en alguna cantina de El Tejar, le regalara su amigo el chiquito Espín (…) Y la estampita irá con él, para con él estar siempre hasta cuando tarde o temprano, cierta o ficticiamente (…) en un escenario creado para el caso, con la supuesta presencia del gran apuntador Moncayito, promueva su último suspiro, y escriba como exclusiva, la noticia de su propia muerte”.

*Escritora e investigadora ecuatoriana.
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" Los habitantes salieron a las calles y, en medio del atufamiento, trataron a toda cosa de salvaguardar sus vidas ante la inminencia de la muerte”.

 

 


Testimonio

En esta obra se narra lo sucedido por entonces.

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