El corrupto no pide perdón

JUN, 17, 2017 | - Por CARLOS FREILE

 

Carlos Freile

El famoso Huntington habría escrito: “la corrupción es un factor de modernización y de progreso económico” y “agiliza los procesos burocráticos y selecciona los actores del mercado, a fin de que prevalezcan aquellos que invierten de forma decidida, incluso sobornando, en sus proyectos empresariales”. Por su parte, Churchill habría afirmado que “la corrupción sirve como un lubricante benéfico de la máquina de la democracia”. (Citas tomadas del artículo publicado por Juan Manuel de Prada en ABC el 5 de junio de este año). 


Todos los implicados en corruptelas económicas al leer estas sentencias admirables bailarán en una sola pata junto con sus cómplices, encubridores y apologistas. ¡Sin corrupción no hay democracia ni progreso! ¡No busquemos la ya mítica lista de Odebrecht! ¡Empeñémonos a rastrear por aire, mar y tierra a los más talentosos y ávidos corruptos! Ellos encarnan dentro de sus opulentas humanidades el futuro de la Patria. Con razón los ecuatorianos vemos, ya casi sin estupor, todos los regates y dribles realizados por los messis y cristianos de la justicia para que no se identifique y, peor aún, castigue a los beneméritos de la democracia. 


En cambio el papa Francisco en el prólogo escrito para un libro del cardenal Peter Turkson ha lanzado la proclama de combatir la corrupción,  “la peor plaga social porque genera gravísimos problemas y crímenes que implican a todos”. Llama a “trabajar todos juntos, cristianos, no cristianos, personas de cualquier fe y no creyentes, para combatir esta forma de blasfemia, este cáncer que destruye nuestras vidas”. “Esta lacra es el origen de la explotación del hombre, de la degradación y de la falta de desarrollo, del origen del tráfico de armas, de la injusticia social y de la mortificación del mérito… es la raíz de la esclavitud, del desempleo, de la incuria de las ciudades, de los bienes sociales y de la naturaleza”. “El corrupto olvida pedir perdón porque está sacio y lleno de sí”. 


¿A quién hacen caso los ecuatorianos, a Huntington y Churchill o a Francisco?

 


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