Jueces recobran su independencia

JUL, 10, 2017 | 00:05 - Por MANUEL CASTRO M.

 

 

Manuel Castro M.

 


Las resoluciones de dos jueces han sido aplaudidas por analistas políticos y juristas. La primera, la absolución al señor Sampedro, quien sufrió por 19 meses de persecución judicial, estuvo preso casi tres meses, perdió su trabajo, todo porque el gobierno le acusó que en su carro, que le había sido alquilado para pasear un monigote de borrego, dizque había tenido explosivos sin autorización.


La otra, la absolución al periodista Martín Pallares por haber atacado a la honra del presidente Correa mediante un artículo de enredadas suposiciones de delitos. En este caso el juez que “inocentemente” había iniciado la causa ahora no encontró pruebas ni tampoco quien le reclame desde lo alto por su recién nacida imparcialidad.


Para cualquier ciudadano queda claro que si tales resoluciones se dictaban durante el anterior gobierno hubieran sido distintas, aplaudidas por el gobierno y denostadas por los acusados. Lo desagradable es que son los mismo jueces que, de improviso, se tornan independientes, sesudos y consecuentes pero a partir que el actual gobernante “extiende la mano”.


El juez debe ser la ley que habla, no el que tranquiliza a unos y defrauda a otros. Es evidente la humana debilidad de tales jueces, pues hasta hace pocos meses se les tenía desconfianza y ahora son los nuevos Justinianos y Catones. La virtud de un juez debe ser permanente, el recto razonamiento jurídico debe estar siempre presente, la búsqueda de la justicia no debe favorecer a bando alguno. Las leyes no son negocios para que se adapten a quien está gobernando o fustiguen a quien ha dejado de gobernar.


Muchos inocentes han sido castigados por los mismos jueces por imposición de los anteriores gobernantes. Su culpa no ha desaparecido. Está bien que enmienden sus actos de debida obediencia, pero deben dejar de ser jueces. A la vuelta de la esquina, tal vez en el 2021, volverán a las andadas jurídicas.
Los jueces son pasajeros y la justicia permanente, porque nada hay más difícil que los hombres juzguen a otros hombres cuando se duda de su rectitud y a veces de su conocimiento.

 

 


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