El sentido de la vida

JUL, 15, 2017 | - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

 

Varios autores del siglo XX muy conocidos y leídos trataron el tema del sentido de la vida, entre ellos V. E. Frankl, C.S. Lewis y A. de Saint-Exupéry. Tienen en común la tesis de que todos debemos vivir la vida con sentido, vale decir con explicación, con una motivación profunda y duradera. Para muchos, ese sentido les es propuesto desde una instancia superior: creyentes en Dios dirigen su existencia a seguir el proyecto de salvación propuesto por Él a los seres humanos. Esta forma de vida se basa en la fe. Por eso, hace muchos años, se publicó una serie de libros con el tema genérico ‘La fe que ha dado sentido a mi vida’, entre cuyos autores se hallaba Mons. Leonidas Proaño.

Cuando alguien escoge un camino basado en la fe, lo primero a exigirse es la coherencia con los contenidos de ella, pero también el respeto a sus seguidores y el alejamiento de sus enemigos, no condenándolos como personas, sino repudiando sus hechos. Pongamos ejemplos: sería impensable que un cristiano del siglo I dedicase un monumento a Nerón, que un católico inglés diera el nombre de Enrique VIII a un proyecto religioso, que un católico francés honrase la memoria de Robespierre, que un católico mexicano nombrase a una escuela como Plutarco E. Calles, o que  un cristiano ruso alabase a Stalin. Todo eso caería en el plano de lo impensable y de lo imposible, por mera coherencia y por respeto a los hermanos asesinados por esos perseguidores. Cuestión de coherencia, no de fanatismo (¿pondría usted el nombre de un enemigo de sus padres a su finca?)

Por eso, dentro de la perspectiva de la fe coherente, llama mucho la atención que el último expresidente dé a conocer que su futura fundación llevará el nombre de Eloy Alfaro, personaje bajo cuyo gobierno fueron asesinados dos sacerdotes, desterrados y confinados varios obispos, sacerdotes y seglares católicos, quemada parte del archivo de la Curia de Quito, vejadas varias imágenes sagradas, destruidas cerca de diez bibliotecas eclesiásticas… Llama la atención por una simple cuestión de coherencia. 


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