Sociedad laica

AGO, 12, 2017 | 00:05 - Por CARLOS FREILE

A raíz de una fea y desdichada exposición “artística” de hace unos días en Quito, varios comentaristas han dado su opinión. Uno de ellos ha afirmado que las autoridades municipales no debieron hacer caso a las quejas en contra del esperpento de marras porque “la sociedad es laica”. En mi modesta opinión el sabio escritor confunde sociedad con estado.

Es verdad que nuestro estado ecuatoriano es laico (en realidad más que laico durante un siglo ha sido laicista, pero esto da para otro artículo), por consiguiente neutral en materia de religión: ni apoya ni dificulta las actividades de los diferentes grupos de creyentes. Esta noción se aplica también a los poderes seccionales, como los municipios. Pero es evidente que nuestra sociedad no es laica. ¿Por qué? Porque la sociedad no es un conjunto abstracto, sino compuesto por personas concretas, como usted y como yo, quienes abrigan creencias religiosas, simpatías políticas, afectos deportivos… También hay ateos, apolíticos, antideportes.

El Estado y el municipio tienen la obligación de respetar y hacer respetar las diferentes preferencias religiosas de la sociedad, o sea de las personas. No es lo mismo expresar opiniones diferentes y hasta adversas sobre los credos que caricaturizar lo que para muchos se constituye en elemento fundamental y sagrado de sus vidas. Arguméntese, preséntense pruebas racionales, denúnciense abusos de los dirigentes prevaricadores (pero de todos, no solo de una sola de las comunidades de fe que conviven en una
sociedad).

Muy bien. Junto a ello, que se investigue con honestidad, no con prejuicios acríticos, la Historia de esas comunidades, no se mienta ni se engañe, no se adulteren las fuentes o peor aún se las destruya. Muy bien. Pero elaborar burdos mamarrachos de mal gusto y de poco valor artístico es algo a lo cual las autoridades deben oponerse en beneficio de un respetable grupo de la sociedad. Mientras tanto, dejemos de lado los sofismas y aclaremos con altura los conceptos. No nos mareen la perdiz.

(Prohibido pendejear: castigo para corruptos y encubridores).

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