Adultez y travesuras

SEP, 25, 2017 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro

Los ecuatorianos, después de muchos experimentos, estamos llegando a convertirnos en una nación adulta, a pesar de los pesimistas y de los autodenominados revolucionarios que se creen los dueños de la verdad. Parece que ya salimos de la adolescencia colectiva, por supuesto a base de muchos fracasos y de políticos de pocos méritos, pero de muchas ambiciones y de la tontería de creerse imprescindibles.

La muestra de que ahora somos una nación adulta es que nos atrevemos a cuestionar todo, o sea no nos ajustamos a pensamientos ajenos. Hablamos de libertad, pero no solo para un grupo, cuestionamos con argumentos a nuestros gobernantes, denunciamos la corrupción, así los jueces y fiscales aún inmaduros interpreten la ley con consignas.

Ya hemos dejado el engreimiento de creernos el centro del mundo por estar en la mitad del mundo, admitimos que somos un país pequeño, que no tenemos premios Nobel pero sí pintores universales. Públicamente nos hemos dado cuenta que estos últimos diez años han sido un fracaso, empezando por reconocer que bien o mal ya existíamos antes, y admitimos que Rocafuerte, García Moreno, Alfaro, Velasco Ibarra fueron caudillos de altos quilates intelectuales y éticos. Y Ayora, Galo Plaza, Camilo Ponce, Yerovi Indaburu, gobernantes republicanos ejemplares.

La mayoría pensamos con nuestra cabeza, aunque una minoría real, no la de los votos forjados por el Consejo Electoral, crea en el partido único, en que la presunción de inocencia es oportuno dogma mientras se esfuman los corruptos y los billetes –que eso no pueden negar. Asimismo la gran mayoría está segura que Venezuela con Chávez y Maduro es un fiasco, que lo único que tienen es apetito de poder.

Si se da la consulta con las preguntas que quieren los ecuatorianos, el presidente Moreno se lucirá. Lo contrario producirá desasosiego, pues la consulta es una gimnasia higiénica democrática, que de no darse será dañino, pero de lo cual nos repondremos –porque ya somos adultos-. Por lo pronto no hay que hacer caso a las travesuras e intrigas que plantean los sobrevivientes de la corruptocracia. 


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