Puro ‘full’…

OCT, 22, 2017 | 00:02 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

La globalidad, el intercambio con otras culturas y la versatilidad de la comunicación nos han entregado una nueva sociedad. Las madres, que han incursionado en los ambientes profesionales y laborales, y las guarderías, como una necesidad de estos tiempos, han generado otros individuos, al amparo de las nuevas tendencias de la sicología, de la moda y en muchas ocasiones de lo que dicen los medios. La estimulación temprana se ha convertido en una condición sin excepción, porque alerta a los pequeños con mejores condiciones para su relación con el mundo.


Las actitudes consumistas de la sociedad, terminan rendidas al marketing y al qué dirán. Se busca un status por la cantidad de bienes que se compran, aunque nunca se haya abierto un libro sin advertir su ignorancia, son las leyes que imperan y clasifican el éxito o el fracaso de la gente. Los padres creen que al matricular a sus hijos en “ciertos colegios de categoría” se van a hacer más ‘guapos’ o su piel se volverá más blanquita. O que sus amistades les van a valorar más, porque la pensión es altísima y eso probaría lo bien que les va.


Les toca adoptar posturas plásticas, modos innaturales, ir a ‘buenos restaurantes’, codearse con lo fino y convertirse en esclavos de los caprichos de hijos maleducados a quienes no les enseñaron el valor del esfuerzo. Son parte del contacto social que hay que sostener.


Buscan los ‘mejores’ maestros para sus hijos, pero no desearían que sus hijos sean maestros. Hoy se llaman ‘índigos’ a los niños incontrolables. Las mejores escuelas son las que nos ofertan el beneficio de liberarnos de nuestras obligaciones paternas porque los chicos vienen con sus deberes hechos, almorzados y bien cansados como para que no estorben.


Antes los niños aprendíamos a saludar y despedirnos cuando entrábamos y salíamos de algún lugar. Los padres decían a los maestros: “Ajústele a mi hijo”, dejando en las manos del profesor la posibilidad de exigirle. Sabíamos respetar, hacer silencio, merecer las cosas y también jugar y divertirnos. Ojalá los adultos pensemos más allá que en comprar y tener, en buscar algún intangible, alguna sensibilidad, leer algún libro.


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