El ‘Führer’ no lo sabía

OCT, 23, 2017 | 00:05 - Por MANUEL CASTRO M.

Hitler practicaba el “arte del disimulo”, por lo que procuró que su nombre nunca apareciera en los actos de la barbarie nazista, merced a sus incondicionales -que luego fueron ejecutados como criminales de guerra- y siempre trató de aparecer como un visionario que indicaba las grandes líneas de una política que sus subordinados ponían en práctica. La historia se encargó de desenmascarar a Hitler cuando en la posguerra se presentaron hechos y testimonios irrebatibles sobre la masacre de los judíos. Hitler se suicidó y por ende nunca fue juzgado por ningún alto Tribunal.


Cambiando lo cambiable, sin llegar a todos a los niveles del abuso y la barbarie nazi, los sistemas fascistas, comunistas, populistas, autoritarios, proceden con las mismas tácticas y estrategias, bajo la premisa de que, como en el Ecuador, el proyecto es para “trescientos años” o un milenio como proclamaba Hitler o para siempre como proclamaron Lenin, Stalin, Nikita Jrushchov, Trujillo, Idi Amin Dada, Chávez o Castro. Hoy Maduro, Evo, Ortega, quienes nunca perderán el poder por votación popular.


Ahora vemos que el gobierno de Correa, concentrador del poder, autoritario y como consecuencia corrupto, es consecuencia de que fue un gobierno totalitario, que escondió las cifras, la corrupción, asustó a los ciudadanos y a la prensa, y que, sin embargo, no es juzgado por ningún Tribunal o juez, olvidando que la misma Constitución de la República establece que todo funcionario público es responsable de sus acciones y omisiones y puede delegar sus funciones, como lo hizo Correa con Glas, pero no por eso deja de ser responsable. Por tanto, con la misma vara que se juzga a Glas se debe juzgar a Correa, más allá de impedir una nueva y cínica postulación a la presidencia, como es la esperanza de la fatigante y cómplice Alianza PAIS.


Pero más allá de la podredumbre, de la existencia de personajes involucrados en tales crímenes, lo que debe cesar es el modelo impuesto en lo político, social y económico, que sigue tan campante, pues abundan los subordinados obedientes que aún sostienen que Rafael Correa no sabía nada de tales infamias.


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