Educación postergada

OCT, 30, 2017 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.


La sociedad está escandalizada sobre los abusos sexuales a los estudiantes, incluso el presidente Moreno ha calificado el asunto “como la mayor prioridad nacional”. Como todo tema que no va directo al bolsillo o a lo futbolístico se olvidará al poco tiempo, dejando su resolución a las autoridades judiciales y algo al Ministerio de Educación (que deberá contratar cuatro mil sicólogos).

Los abusadores abundan en estamentos donde puedan satisfacer sus perversos instintos. Es sabido que muchos de ellos, en el mundo, buscan pertenecer, por ejemplo, a los servicios policiales investigativos donde pueden ejercer sus inclinaciones sado masoquistas. En lo referente a las escuelas, muchos pervertidos encuentran el lugar propicio para sus patológicas inclinaciones, no precisamente por ser maestros, lo cual sería otro prejuicio sobre la clase docente.

Pero el asunto de fondo no se enfrenta: el olvido en que se mantienen a la educación en el país, olvido que mientras se mantenga nos tendrá en el tercer mundo. En el Ecuador ser maestro es una forma de olvido, mal pagados, condenados socialmente a ser ecuatorianos de segunda, además de ser utilizados políticamente.

La prueba es que con la UNE la educación no salió adelante, peor con la Red de Maestros creada por el correato para dividir al gremio de maestros. Ciegamente se ha utilizado la ideología para considerar a los maestros como clase postergada y por lo tanto servir de enganche proselitista.

No es cuestión de traer una franquicia internacional, pero los países que se desarrollan eficientemente en este mundo moderno son los que tienen a la educación como prioritaria. En países como Noruega o Singapur (pequeña isla), los maestros son los mejor pagados, tienen sueldos mínimos entre tres mil a cuatro mil dólares mensuales. Su formación es de primera clase, su difícil ingreso al magisterio es anhelado, tienen un nivel tan alto como los ingenieros, médicos, científicos.

Los maestros son a tiempo completo, no menos de ocho horas diarias. En sus establecimientos “no se pierde el año”, se ayuda a superar las falencias. O sea enseñan los que saben.


[email protected]

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]