Cien millones de muertos

NOV, 11, 2017 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Hace cien años, el 7 de noviembre de 1917 según el calendario gregoriano, Vladímir I. Lenin dio un golpe de Estado muy hábil, cuyas consecuencias hasta hoy brillan por su contundencia: más de cien millones de muertos en todos los continentes, pues no se cuenta un país gobernado por los comunistas que no haya padecido cruentas represiones y hambrunas reiteradas. Lenin no subió al poder por el voto popular, pues su partido, el bolchevique, no llegó al 25% de los votos para la Asamblea Constituyente; por eso dio el golpe, con la ayuda inapreciable de Trotsky. Apenas se adueñó del poder impulsó una serie de medidas que reflejaban su visión del mundo, de la persona y de la política: fundación de una oficina para perseguir las actividades contrarrevolucionarias, iniciación de fusilamientos, deportaciones y encarcelamientos en masa. Medidas que no se impulsaron para enfrentar a los ‘blancos’ o a los capitalistas, pues ni aquellos ni estos habían dicho o hecho nada contra los bolcheviques. 

Lenin sabía que sin represión su dominio tiránico se volvía imposible. Pocos saben o recuerdan que el fundador de la URSS llegó a afirmar que “el hambre debe ser empleada con frecuencia como arma política, su efecto es eliminar la crencia en Dios y en el zar”. Por estos medios bajo la tiranía de Lenin (6 años) murieron cerca de cinco millones de personas; se debe notar que sin contar aquellas fallecidas en la guerra civil. Lenin también inició la formación de Campos de Trabajo para castigar a los disidentes y aprovechar su mano de obra en condiciones infrahumanas.

No es verdad, por consiguiente, que el ‘Terror’, así con mayúscula, haya comenzado con Stalin, este fue el causante del ‘Gran Terror’ y no hizo más que seguir las huellas de su maestro. Lenin sostenía que el terror era necesario para eliminar a los enemigos de clase, sin importar los métodos. Los seguidores de Lenin aplicaron y aplican (Corea del Norte, Cuba) las mismas recetas hasta hoy, cambian los pueblos pero no el hambre ni las matanzas. Pasan los años pero los muertos y los torturados siguen.


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