No hay cómo huir de la realidad

NOV, 27, 2017 | 00:05 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.


La visita de Correa a Ecuador, se dé o no, lo único que logra es hacer perder el tiempo a los ecuatorianos. La discusión que engendraría la llegada del ausente es de mal tono, pues la gente tiene la misma opinión: la corrupción de su gobierno ha sido evidente, las obras públicas en su mayoría han sido mal hechas, ha existido abuso de los poderes que han estado concentrados en una persona y un partido. No es fácil huir de la realidad.

Tales jugadas causan fastidio cuando existe un país en crisis, un presidente que la afronta débilmente, aunque sus discursos sean enérgicos y esperanzadores. Está en juego una consulta, que puede tener su trampa, que es la Corte Constitucional, la cual puede echar al traste las aspiraciones del gobierno y de los ecuatorianos.

El asunto que se lo esquiva, es que no se puede ocultar la inclinación ideológica del gobierno. El problema no es el equipo económico ni el que maneja la política internacional. Es la inclinación obsesiva al socialismo del siglo XXI. Pruebas al canto: impuestos a las grandes y medianas empresas dizque para redistribuir nuevos endeudamientos, pues al pueblo no se le puede negar nada, aunque después, cuando no se pueda cumplir con las promesas o aumente el costo de la vida, el remedio será buscar otros responsables para justificar la incompetencia y la devastación institucional.

Existe o se mantiene un engaño populista, o autoengaño, pues el socialismo de tintes marxistas, no ha conducido al progreso sino a la dictadura (pretextos no faltan) y a la miseria (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia).

Negar la fuerza del mercado, ocultar las ideas de política internacional (se permite a Assange recibir a un dirigente secesionista de Cataluña, el tema de Venezuela, etc.), es una visión estratégica que coincide con lo acordado en el famoso Foro de Sao Paulo, cuna del socialismo del siglo XXI cuando parecía el socialismo marxista enterrado. Para salir de la actual crisis no está en creer que el Estado puede lograr el pleno desarrollo de la persona humana, sino que se debe garantizar la amplia participación de la sociedad.
 

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