La autoridad se gana

DIC, 04, 2017 | - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro

Si bien la autoridad nace de la ley, en la práctica tiene que ganarse. El presidente Moreno tiene que ganarse la autoridad no solo con sus pronunciamientos sino con los hechos. Existe una duda metódica en los ecuatorianos de que no adopta decisiones en las que cree y que están en sus manos.

Cada cosa exige su tiempo, decían los romanos, antes de tomarse el mundo. No es época del actual gobierno de aprender algo. Tuvo un diálogo con los empresarios, que bien manejado debía ser un acuerdo entre las partes, pero ni les convence ni les da la razón, y envía un proyecto de ley inoportuno, tanto que el mismo presidente la vetaría, según el Ministro de Finanzas que es autor del proyecto, e impugnado por el sector privado, por el propio presidente y reformado en un 65% por la Asamblea.

Mientras las voces más autorizadas del país en economía y finanzas, César Robalino, Abelardo Pachano, León Roldós, Walter Spurrier, Mauricio Pozo y otros de ese nivel, con indudable patriotismo se desgañitan tratando de ayudar al gobierno, sugiriendo medidas que exigen el sentido común apoyado en la experiencia, el Gobierno está más atento en solucionar el problema de Alianza PAIS, que es una triste pelea entre compadres y comadres.

Ha sido una sorpresa agradable y trascendente, auténtica demostración de autoridad del presidente Moreno, el haber dictado los decretos por los cuales dispone al Consejo Nacional Electoral que convoque a consulta popular, basado en la Ley de Garantías Jurisdiccionales que le faculta sobre cualquier reglamento para que, transcurrido determinado tiempo sin calificación, se entienda que el dictamen de esa Corte ha sido favorable. Tal decisión es dejar que esa Corte se fría en su propio jugo, como se decía de los italianos en la Segunda Guerra Mundial cuando se metieron en una guerra perdida.

En lo internacional debe poner en su sitio a los que especulan con nuestras relaciones diplomáticas y comerciales. Tiene que demostrar la autoridad de oír lo que no quiere oír, como es tal vez la opinión de diplomáticos como Ayala Lasso y de otros de esa sabia visión y entereza moral.


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