Criminales buenos

DIC, 16, 2017 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Hace poquísimos días en el Norte de España un militante de extrema izquierda, de origen chileno y con pasaporte italiano, asesinó de un golpe en la nuca con una barra de metal a un señor por llevar tirantes con la bandera española. La agresión se dio por la espalda, sin provocación previa. Después le dio unas cuantas patadas en el suelo. Este asesino ya había dejado tetrapléjico a un guardia civil, por lo cual purgó seis años de cárcel. 

Si ustedes buscan esta noticia en la prensa nacional difícilmente la encontrarán, en la internacional aparece muy empequeñecida. Supongamos que el asesino hubiese sido el hombre con la bandera española en los tirantes, lo cual significaría su innegable afiliación al fascismo franquista más despiadado y el muerto el combatiente comunista, hombre de paz y diálogo por cierto; sin duda alguna la noticia habría recorrido medio mundo y se habrían organizado marchas, plantones con velas, reparto de lacitos…. 

Ya desde hace un siglo, en el mundo no todos los asesinos por motivos políticos son iguales: los de izquierda tienen una aureola mística de heroísmo (aunque asesinen por la espalda, pongan bombas contra inocentes), son cosiderados adalides de la libertad, pero los de derecha (¿recuerdan ustedes algún asesino de derecha en los últimos años en España?) siempre merecerán el sambenito de inhumanos. Pero lo que más llama la atención es el silencio en el primer caso y el griterío en el segundo. Lo sensato y justo sería que frente a todo tipo de asesinato de raíces políticas, y también de los otros, la condena fuese unánime, masiva, lapidaria.

Con los crímenes del pasado sucede exactamente lo mismo: sobre los de García Moreno, reales o supuestos, se han escrito varias novelas, algunas esperpénticas, sobre los de Alfaro, no. Los libros de “Historia” se regodean con los primeros y ocultan sistemáticamente los segundos. P. Vilar decía: “La Historia está hecha de lo que unos quisieran olvidar  y de lo que otros no quieren olvidar. Es tarea del historiador averiguar por qué de lo uno y de lo otro”.


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