Acomodarse al poder

DIC, 18, 2017 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

El resultado de la consulta será una prueba de la madurez del pueblo ecuatoriano. Un ‘No’ sería que el país no tiene inclinación por la democracia, que las argucias socialistas o populistas siguen engañando a la población más necesitada, que las fuerzas oscuras, como el correísmo, siguen latentes en el corazón y la razón de nuestro pueblo.


Lo grave es lo que venga después de los posibles resultados de la consulta, pues es realmente cuando comienza el verdadero gobierno, dado que tendrá de designar los nuevos miembros del Consejo de Participación Ciudadana y este Consejo podría designar fiscal, contralor, miembros de la Judicatura, ministros constitucionales, nacionales, miembros del Consejo Nacional Electoral, superintendentes. 


Es decir, habrá un cambio total, que es lo que espera el país si aprueba las siete preguntas de la consulta. El poder de Moreno será tan absoluto como el que tuvo Correa, con la esperanza de que sus fines no serán para perennizarse en el poder y continuar con el “proyecto” y sus reciclajes.


Preocupa que el Gobierno no dé en el año 2018 prueba de que quiere cambiar el proyecto correísta, al designar un vicepresidente que no sea un aporte a la democracia, a la economía y a la ética. Sería la primera confirmación de los dislates del revolucionario Mangas. Luego la integración de las ternas para el Consejo de Participación Ciudadana será la demostración evidente de que en el Ecuador estamos saliendo de la mediocridad, servilismo y corrupción, al proponerse los mejores ciudadanos para integrar tal Consejo.


Los problemas inmanentes a la política son dos: uno, el complacer a asambleístas para obtener sus votos; dos, caer en manos de los vivarachos que siempre se acomodan al poder.


La designación del Vicepresidente de la República y la integración del Consejo de la Judicatura es vivir al filo de la navaja. Es de esperar que el remedio no sea malo, ya que buena parte de los hacedores de la consulta son los mismos de los últimos diez años, ya que como dice con ironía León Daudí: “La única aspiración de las llamadas mujeres de mala vida es tener una buena vida”.


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