Un proyecto de democracia radical

DIC, 24, 2017 | - Por Giuseppe Cabrera

Giuseppe Cabrera

Se termina el año y si este fue importante o cuanto menos interesante a nivel político, el que viene lo será aún más, en 2018 tenemos: las votaciones por la consulta popular y la serie de efectos que tendría su probable victoria y la inscripción de candidaturas para las elecciones seccionales de 2019, con el ingrediente adicional de que si ganara el “Sí” en la consulta consultar y referéndum los alcaldes que llevan dos periodos no podrían reelegirse, sin duda serán unas de las más importantes elecciones seccionales que hayamos tenido en este último periodo de los 10 años de gobierno de un mismo partido político; la imposibilidad de algunos referentes de la oposición importantes como Nebot  en Guayaquil, el fraccionamiento de AP que pasará su prueba de fuego hacia el asentamiento definitivo de un liderazgo que controle el partido de forma mayoritaria y un Mauricio Rodas que nunca terminó de cuajar y nos regresa a la necesidad de un liderazgo quiteño y que en general agrupe la sierra, que se vio desvanecido después de la alcaldía de Paco Moncayo, son algunos de los ingredientes que darán a este año que se está próximo, una sazón fuerte para nuestra fanesca política ecuatoriana.

Más allá de la coyuntura y de los candidatos de último minuto que seguro aparecerán, me importa el afianzamiento de los partidos políticos, esta es la oportunidad para que aquellos partidos que representan una ideología, a un grupo social y que poseen un proyecto de país, se empiecen a consolidar como pilares fundamentales de la democracia, pero también que aprovechando esta apertura de Moreno –con mis dudas de la misma- los movimientos y organizaciones sociales sean capaces de reformularse y presentarse como catalizadores de diferentes luchas sociales, un proyecto de democracia radical requiere de ambos, ninguno por sobre el otro, aunque los partidos tengan un papel especial, los dos espacios deben de encontrar los mecanismos de participación para la radicalización de la democracia y sobre todo de un posicionamiento hegemónico de la agenda progresista, una conformación de un bloque histórico al cual se le presentan elementos favorables para el 2018.

 

 

 

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