Luz de esperanza

DIC, 30, 2017 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En medio de la oscuridad moral que invade a Ecuador ha brillado una luz llena de esperanza. Los grandes medios de comunicación no le han dado la menor importancia; pero debería conservarse en la memoria de todos. El padre de Emilia, con el mayor dolor que puede sufrir un ser humano la pérdida de una hija, no clama por venganza ni se desgañita para expresar su angustia; con serenidad sobrehumana va más allá del sentimiento trágico y encuentra fortaleza en la fe.  

Frente a sus amigos y conterráneos exclamó: “Queridos amigos y queridas amigas, créanme y lo digo de corazón: que este señor sea juzgado por Dios y por la justicia. Nosotros, mi esposa, yo, mi hogar, no tenemos nada que decir. El perdón sí lo daremos porque nuestra hija realmente no descansará en paz al ver que tiene un padre que también odia, un padre que también es agresivo. Yo nunca eduqué a mi hija así. Y nunca, nunca ahora que me va acompañar como ángel, tampoco le daré un mal testimonio. No voy a permitir que el odio me saque la energía, la fuerza, mi alegría, mi capacidad de ser mejor hombre cada día. Yo no puedo darme ese gusto, no puedo ir en contra de lo que mi hija quiere de mí. Entonces por favor no aten lo que ustedes no tienen por qué atar. Lo que a nosotros nos toca es vivir con una absoluta fe, con una absoluta pureza la vida de mi hija, la resurrección de mi hija.”

Luego añadió: “Vuelvan a sus hogares con ese sentimiento de cómo es Loja, de solidaridad, de ternura, y les insisto, de saber perdonar”.

Huelga todo comentario ante la grandeza de alma de este ecuatoriano como todos, sin ínfulas, reacio a protagonismos  y a búsqueda de apoyos terrenos. Desde esta modesta columna escribo no solo para unirme a su dolor, sino, sobre todo, para expresar mi admiración y, aún más, mi veneración por su actitud, tan distinta a las que solemos ver en estos tiempos. Mi admiración para Loja, que de manos de su Churona, ha sabido mantener en su seno hombres de esta talla, auténticos gigantes de la fe y de la dignidad humana. 


[email protected]

 

 

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]