Lo que se habla en la calle

ENE, 01, 2018 | 00:05 - Por MANUEL CASTRO M.

 

Por: Manuel Castro M.

En la calle se enfrentan el pensamiento y la propaganda oficial, que no ha desaparecido, tanto que se fomenta el proyecto del socialismo del siglo XXI, se mantiene la política internacional dizque soberana, haciendo ascos a la realidad venezolana o cubana o atacando a Almagro. Ciertos altos funcionarios hasta van más allá del pensamiento conciliador del presidente Moreno, seguramente para subsistir como auténticos revolucionarios.
 

Sin mayor explicación, pero en forma intuitiva (que es un solo paso, por eso es más posible el acierto) algunas personas afirman que lo que sucede en el país es un “tongo”. Claro que no es una suma de causas y efectos el llegar a tal conclusión, pero lo que sí se nota es que no hay un libre albedrío en el gobierno para descartar tal posibilidad, por coincidencia o por una hábil maniobra política. El argumento poco ético es que ellos ganaron las elecciones y que gobernarán con determinada inclinación ideológica.
 

Pero en la calle, donde se cuecen las habas, la gente está enterada de que habrá una alza salarial mayor que el año anterior, que los aranceles han permitido subir el precio de los artículos importados, que el bono de Desarrollo Humano se ha incrementado, que los impuestos prediales en Quito subirán en el 2018 , que no se eliminado la exención al pago de Impuesto a la Salida de Divisas (lo que encarecerá el acceso a créditos internacionales), que las sumas que se pagan por seguro de desempleo (aprobado en el 2016) son elevadas, todo lo cual, sin ser sabios, lleva a la conclusión que en el país no habrá un cambio sustancial y que la reactivación económica será algo fantasioso, pues nada de ello promoverá la inversión y el empleo.
 

Parece que los hechos actuales provienen de teorías anteriores, pues como decía un pensador: Convierte a la “realidad siempre en anacrónica”, que es el caso del Ecuador, pues en muchos aspectos el actual gobierno es plagiario del anterior, pues aún no admite que nada está prefijado y que el clamor del pueblo y sus habitantes, por la crisis al menos, le exige actos distintos, más creativos y menos ideologizados.

 

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