No le importa a nadie

FEB, 17, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En dos oportunidades ha aparecido en un diario nacional una referencia falsa al uso del arado por nuestros indígenas prehispánicos. Falsa porque el arado llegó con los españoles; antes de ellos no había animales de tracción (en una de las notas se afirmaba que usaban llamas para arrastrar la reja, con lo cual se demostraba una ignorancia crasa no solo de la historia de la técnica sino de la morfología animal). Dirán que se trata de un asunto marginal, sin importancia. Tal vez. Sin embargo, clavo mi modesta pica en Flandes en defensa de la labor profesional de los historiadores. 

No es posible que cualquier hijo de vecino asiente errores de bulto en los medios de comunicación, peor aún en aquellos de consumo masivo. Estoy convencido que a mí no me dejarían escribir una crónica, porque no tengo título de periodista, peor todavía defender a alguien en un juicio o analizar un problema económico o antropológico. 

Pero cualquier individuo sin preparación profesional en Historia tiene autoridad para publicar lo que le sale del caletre por más desinformado que esté. Y así nos llenan de patrañas no solo sobre nuestra historia nacional sino acerca de cualquier ámbito de la universal. Un ejemplo, entre muchos, de este último caso: el profesor presenta en clase los resultados de las últimas investigaciones sobre cualquier tema polémico, digamos los templarios, muy alejados de las patrañas al uso en novelas y películas; nunca falta quien afirma con total soltura de cuerpo que ya ha leído muchas obras sobre el tema y que la verdad es otra. 

Se le pregunta el título y autor de alguno de esos libros y da la callada por respuesta. Vivimos en el reino de la mentira, del invento, de la audacia y de la sinvergüencería. Para qué romperse el alma y el cuerpo en investigaciones tediosas de archivos, en comparación de documentos, en análisis de fuentes, si de todas maneras la verdad histórica no le importa a nadie, ha quedado como basura frente a la imaginacion desbordada de cualquier atrevido.  Atrevido que goza, eso más, del apoyo de los poderes públicos.

 

 

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