Personhattan

MAR, 03, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Tomo prestada la palabreja que da título a este artículo de una entrevista dada por el filósofo francés Alain de Benoist, así como una de sus ideas centrales. La corrección política ha llegado a extremos risibles en todo el mundo, sobre todo en el anglosajón, allí no se puede escribir, decir y representar nada sin tener un cuidado exquisito para evitar ofender a alguien. Es sabido que ya no se dice chairman, sino personman, así no se sienten ofendidas las mujeres, o por lo menos algunas (de aquí la broma de Benoist a propósito del nombre de la famosa Manhattan). De hecho en cierto lugar académico muy dado a usar el inglés en su organización se le dio el nombre de ombudsperson al defensor de la gente cuando el cargo fue ocupado por una mujer, ignorando que la palabra es de origen escandinavo. Dentro de poco todos quienes llevan el apellido Guzmán (de indudable origen inglés) deberán cambiar a Guzperson, de lo contrario podrán ser acusados de discriminación. 

De Benoist señala algo grave detrás de esta preocupación enfermiza por la corrección ideológica en el vocabulario, no se trata tan solo de un asunto anecdótico, con sus posibilidades humorísticas, como también lo demostró hace ya varios años Umberto Eco, sino de un problema político y sociológico. La imposición de ciertas palabras como transmisoras de visiones del mundo no se queda allí, en la palabra (o palabro, como dicen ahora a ciertos engendros lingüísticos, como nos enseña la sabia doctora Susana Cordero, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua), tiende a un fin más profundo y grave: a cambiar la sociedad, su sistema de valores, en última instancia a cambiarnos la vida, pero no por una evolución natural sino por imposición legal; todo hijo de vecino verá una espada de Damocles sobre su cabeza: ¡Ojo a su vocabulario! A la larga quienes deben adaptarse son las mayorías por no ofender, supuestamente, a las minorías. Poco a poco, ‘despacito’, las mayorías no solo están obligadas a negarse a sí mismas, sino a arrepentirse por ser como son y a pedir perdón por ello. 


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