La memoria escondida

MAR, 10, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Desde hace un par de años el Museo Nacional se encuentra escondido en docenas de cajas arrumbadas en alguna dependencia ministerial y recóndita. Junto con las piezas, producto de la labor de las generaciones pasadas, desde la llegada del primer hombre a estos lares, se ha escondido la memoria de todos nosotros: no tenemos el lugar icónico para recorrer con respetuosa curiosidad las diferentes etapas de la construcción de nuestro ser nacional, con sus avances y retrocesos, con sus aciertos y errores. Allí están las piezas dormidas. ¿Vendrá alguien a despertarlas? ¿Volverán a hablar desde su misterioso ser?

Muchas personas se preocupan con razón del tiempo transcurrido desde el cierre del Museo; pero tienen también otros motivos para estar alertas: se habla, allá entre entendidos, de darle a la organización y exhibición de los objetos un contenido acorde con cierta ideología enferma del “virus del presente” tan temido por Marc Bloch. Se oye que las piezas provenientes de las culturas prehispánicas mostrarán, no se sabe por qué arte de birlibirloque, la organización democrática de las tribus ancestrales; también se oye, sin confirmación ambas informaciones de oídas, que se evidenciará el antiimperialismo (¿o era anticapitalismo?) congénito y consubstancial de los habitantes de este territorio ahora llamado Ecuador. No lo sabemos. 

Pero sí sabemos lo perversos que pueden ser los museos, con la manipulación de sus curadores, para ocultar el significado original del objeto exhibido y darle otro, acorde con las consignas y los intereses hodiernos. Sin embargo, antes de preocuparnos del arte cubir de opacidad los vestigios del pasado, conviene reclamar a voz en cuello la reapertura del Museo Nacional, tan lleno de obras portadoras del mensaje de valoración de lo nuestro proclamado por nuestros antepasados. En esta época de protagonismos fecales en el escenario nacional, es indispensable volver la mirada a las creaciones dignificantes, enaltecedoras de nuestro ser nacional. No siempre hemos sido cloaca ni todos nos hemos alimentado en ella.


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