Buen despiste

MAR, 12, 2018 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

En conocimiento de los últimos escándalos políticos, el presidente Moreno pidió “que se rescate la ética en todos los ámbitos y espacios”. Buen despiste, ahora se pide “rescates” cuando fue política de Estado la ausencia de ética la que se vivió y ahora se trata de maquillarla, pues lo de la cirugía mayor es una frase para mantener el “proyecto” del socialismo del siglo XXI.


La ética revolucionaria no admite limitaciones. Lo vemos en la agónica Venezuela. En sesenta años la ética revolucionaria se ha asentado en Cuba “en todos los ámbitos y espacios”. Igual sucede en Nicaragua y Bolivia. En el Ecuador vivimos esa ideología en lo social, económico y política internacional. Es que sus mentores son dogmáticos, y por tanto hacen tabla rasa de las leyes, de la ética, de la democracia. Pruebas al canto: Tuvieron un jefe de Estado con todos los poderes y “acuerdos” para acabar al enemigo (al que pensaba diferente) y aplicaron la política peronista de que al adversario no hay que darle “ni justicia”,


Schopenhauer afirma que el mediocre “toma en serio todos los dogmatismos”, uno de ellos es el socialismo del siglo XXI. No es que son cínicos sino que para sus integrantes no hay corrupción, sino que la dulcifican afirmando “que no hay pruebas” o “solo errores”, simplemente para continuar con el poder. No tiene importancia que renuncie o cesen al presidente de la Asamblea Legislativa (la vicepresidenta que lo sustituiría es igual de revolucionaria); no importa que se vaya o le “den de baja” al Fiscal, quieren jugar a la defensiva hasta poder dar un contragolpe, pues ante su fracaso se vuelven “revisionistas”, pues son dueños de “esa” verdad.


Son tan reaccionarios tales socialistas que prefirieron un rey sin corona exterior (Correa) y para mantener el poder inventaron su propia ética revolucionaria. Les encantaría que Moreno siga ese camino. Para que no recaigamos en la trampa recordemos a Montaigne: “Los príncipes me dan mucho si no me quitan nada, y me hacen bastante bien cuando no me hacen ningún mal”. Ergo: No necesitamos príncipes sino estadistas que crean en la democracia.


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